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ENTREVISTA CON CLAUDIA CASTELLANOS

Nuestra naturaleza humana está predeterminada a tener cosas guardadas, a retener y a veces pensamos que debemos guardar las cosas porque después nos van a servir, pero realmente esto es un pensamiento errado. Gloria Salamanca, hace parte de la red de mujeres y está como misionera en la Ciudad de México hace más de dos años; es madre de tres hijos y estuvo compartiendo un poco de su vida. Llegó a la iglesia a los 20 años y desde entonces ha servido con toda su vida a Dios.
En el libro de La Llave De La Multiplicación, el Pastor César Castellanos habla sobre las marcas; el enemigo siempre nos quiere marcar, y yo cargué por mucho tiempo la marca del resentimiento a causa de la forma de ser de mi Papá. Él tenía la ausencia de Jesús en su corazón y ahora entiendo que esto fue lo que siempre nos mantuvo alejados. Vivíamos en una relación muy conflictiva y en todo se enmarcaba una indiferencia que resultaba siempre muy incómoda.
Mi Papá en todo tiempo me hacía sentir como si fuera de una familia diferente y llevó a que mis hermanos me trataran igual, pero a pesar de eso yo siempre buscaba ser feliz y esperaba tener la mayoría de edad para salir de este mundo en el que me encontraba, sumándole que maltrataba mucho a mi Mamá lo cual se convirtió en un arma muy poderosa para mí, pues sólo esperaba poder ser más grande en edad para poder enfrentármele, y así sucedió; un día trató de golpearla y yo me levanté enfurecida diciéndole que si la tocaba yo lo mataría, desde entonces puso una barrera más grande.
Tiempo después tuve un encuentro con Dios, llegué a la iglesia en el año 1991, fui después a encuentro en 1992 y en 1993 me casé. En ese encuentro, la charla de familia causó el cambio en mí, hubo un cambio de marca, a partir de ese momento pude ver como mi identidad insegura y mi miedo al hombre murió y nací de nuevo; al poco tiempo busqué a mi Papá y le pedí perdón por cómo yo actué, porque sentía que no había sido una hija. Fue un tiempo muy especial y duro a la vez, pero esto permitió que ese ciclo que habíamos vivido de odio y dolor se cerrara.
Ahora vivo en México junto a mi esposo y mis hijos y la relación con mi familia paterna es mucho mejor que antes.
Gloria Salamanca · Misionera MCI México DF

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