EL SUEÑO DE DIOS PARA MÍ

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EL SUEÑO DE DIOS PARA MÍ

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“Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1: 9-10).

ALGO EN QUE PENSAR

Cuando un periodista entrevistó a Abraham Lincoln, después de que él perdiera su novena campaña electoral como aspirante a presidente de los Estados Unidos, le dijo: “¿No está cansado de perder?”. Él le respondió: “Yo no he perdido, sólo que aún no he alcanzado lo que he querido”.

Muchas veces tenemos sueños grandes, pero las circunstancias o el no ver el cumplimiento de esos sueños, hace que nos de- tengamos frente a la conquista y que dejemos de avanzar en lo que anhelamos. El tiempo o los obstáculos no pueden ser el impedimento para alcanzar el sueño de Dios para nuestra vida.

Como vemos en el versículo inicial, el mismo Dios tuvo que dar un decreto para que quedara lo sólido aparte del agua y a eso sólido el mismo Señor lo llamó tierra. ¿Esto qué significa? Que nosotros debemos concretar los sueños que Dios nos ha dado y debemos declarar lo que queremos ver específicamente.

 

  1. RENUNCIAR A MI SUEÑO PERSONAL

Una característica particular de los sueños que vienen de parte de Dios para tu vida es que son muy altos, muy grandes y no se comparan a los nuestros.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9).

Si no hemos alcanzado cosas mayores, tal vez es porque nos hemos negado a soñar, y no hemos aceptado el tamaño de los sueños de Dios para nuestra vida.

¡Recuerda que Dios quiere que soñemos en grande!

 

  1. ROMPER LOS ESQUEMAS

Lo más difícil para el ser humano es llegar a soñar con algo que está fuera de su alcance, porque siempre vendrá la pregunta: “¿Podrá esto hacerse realidad?”. Para esto es importante pedirle a Dios que nos llene de Su fe y así romper todo limitante que haya en nuestra mente y poder visualizar en grande.

Es importante entender que los sueños hacen parte del lenguaje de Dios y que Él siempre quiere lo mejor para tu vida. Nunca Él permitirá que tu engendres un sueño para que luego quedes en vergüenza, sino al contrario, el Señor te quiere honrar y quiere que tu vida sea un ejemplo para otros.

Dios desea que siempre tengas sueños nuevos y no que año tras año sigas soñando con lo mismo que tal vez no ha sucedió do, pues no puedes construir el sueño de Dios con tus antiguos sueños; debes desprenderte de éstos sueños viejos y darle la oportunidad al Señor que plasme Su sueño en ti.

 

  1. CONFESAR TUS SUEÑOS

Ponte en evidencia delante de las personas que están a tu alrededor, y declárales cuál es ese gran sueño que Dios te ha dado.

A muchas personas les atemoriza el hecho de hacerse evidente ante los demás, pero lo que debes entender es que al declarar tu sueño, estás haciendo una declaración de fe y todo lo que puedas ver y declarar, lo vas a ver hecho realidad en tu vida.

 

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