NUESTRA FAMILIA EN CRISTO

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TEXTO BÍBLICO

 

Hechos 2:41-42

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”



ALGO EN QUE PENSAR

 

En el capítulo 2 del libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo nació la iglesia cristiana, en medio de un mover poderoso del Espíritu Santo. Todos los que presenciaron el Pentecostés estaban aterrados de cómo los apóstoles habían podido hablar en otras lenguas y cómo se hacía evidente en ellos el poder de Dios. Fue por esto que la iglesia primitiva comenzó a crecer, porque las personas sentían que era como una gran familia a la cual querían pertenecer.

 

Es una necesidad del ser humano pertenecer o ser parte de algo. Creo que muchos de los problemas hoy en día en la juventud es por falta de pertenencia: tal vez vienen de hogares disfuncionales, donde nunca han tenido aceptación o donde nunca se sintieron que fueran parte, y esto los lleva a buscar refugio en amistades incorrectas, actividades ilícitas y vicios que solo los llevan a la destrucción.

 

Por eso, así como vemos que la iglesia cristiana del tiempo de los apóstoles crecía y se añadían los que habían de ser salvos a causa de que se sentían a gusto allí y sus necesidades eran suplidas, es importante que sepas que eres parte fundamental del cuerpo de Cristo y que tú perteneces a esta gran familia, que es la familia de Dios y tienes lugar como hijo de Dios.



DESARROLLO

 

Veamos a continuación algunos aspectos fundamentales que tenía la iglesia primitiva y que podemos adoptar el día de hoy:


        • Perseverar en la doctrina de los apóstoles

        • Para poder escuchar las enseñanzas de cada uno de los apóstoles, las personas se reunían en el templo y en las casas, donde no solamente escuchaban la Palabra de Dios, sino también compartían entre hermanos de la fe.

          El salmista David dijo: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto.” (Salmo 27:4-5).

          La casa de Dios (iglesia) es un lugar de protección, donde habita Su presencia, donde recibimos dirección y cuidado, pero también donde podemos crecer en el conocimiento de Dios. Ahí podemos contemplar Su hermosura y podemos escuchar Su voz, que nos guía y nos transforma.

          Es importante que semanalmente puedas congregarte en tu respectiva reunión en tu iglesia, pero adicional a esto, que puedas hacer parte activa de una célula semanalmente, donde siempre estarás siendo bendecido por una Palabra fresca de parte de Dios.



          1. Comunión unos con otros

          1 Juan 1:7

          “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”


          Cuando estamos juntos y en armonía, la unción del Espíritu Santo se derrama de una manera evidente. Él se mueve donde hay unidad, no donde hay discordia o enemistades.

          Cuando tenemos comunión los unos con los otros, nos preocupamos por las necesidades de aquél que tenemos al lado y somos instrumento de bendición para nuestros hermanos, tenemos un beneficio directo: la Sangre de Jesús nos limpia ahora y continuamente de todo pecado.



          1. Partimiento del pan

          Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre”. Cuando Somos parte de la familia de Cristo, entendemos que Él es nuestro alimento, que Él es la fuente de toda provisión, que Él es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Entendemos que es Admirable, Consejero, Príncipe de Paz, y que si tenemos más de Él y menos de nosotros, podremos decir que Su carácter gobierna nuestra vida.



          1. Vida de oración

          Efesios 6:18 TLA

          “No se olviden de orar. Y siempre que oren a Dios, dejen que los dirija el Espíritu Santo. Manténganse en estado de alerta, y no se den por vencidos. En sus oraciones, pidan siempre por todos los que forman parte del pueblo de Dios.”


          Una oración eficaz es aquella que es dirigida por el Espíritu Santo y nos liga al cuerpo de Cristo que es la iglesia. La oración tiene el poder de guardarnos de toda prueba, tentación o trampa del enemigo, nos mantiene alerta ante cualquier ataque del adversario y nos da la victoria completa en el mundo espiritual. Debemos ser específicos con nuestra oración, y entender que cuando oramos, estamos estableciendo una disciplina espiritual que va a elevar nuestro nivel de comunión con Dios y hará que la mano de Dios sea movida a nuestro favor.




          ORACIÓN Y MINISTRACIÓN


          • Toma un tiempo para que cada uno de tus invitados pueda escribir de manera individual las necesidades o pruebas que ha tenido en las diferentes áreas de su vida (financiera, emocional, familiar, salud, pensamientos, etc).
          • Llévalos a que cada uno busque una pareja de oración dentro de la misma célula. La idea es que cada uno comparta con su compañero en dos minutos la necesidad que tiene y por la cual van a orar mutuamente.
          • Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20). Hay poder en la oración en acuerdo. Oren el uno por el otro, desatando esa unción de unidad para que sucedan milagros.
          • En un acto de fe, den gracias a Dios por los milagros que van a comenzar a suceder y profeticen declarando que si Dios lo dice en Su Palabra y lo creemos, Él lo hará.