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“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”.

Gálatas 3:13

ALGO EN QUE PENSAR

Se dice que en cierta ocasión el Apóstol Juan estaba muy enojado contra el adversario porque éste había atrapado a uno de los mejores jóvenes de su comunidad. Y decide confrontarlo diciéndole: “¿Por qué te metiste con este joven que era tan bueno y tan consagrado a las cosas de Dios? A lo que el adversario le respondió: “Él se metió en mi territorio”.

Hay una línea muy frágil que separa el reino de Dios del reino de las tinieblas, y se llama obediencia. Cuando un creyente desobedece la Palabra de Dios y permite la rebelión en su corazón, fácilmente se puede encontrar en el territorio del enemigo y éste aprovecha la ocasión para esclavizarlos a través del pecado.

La muerte de Jesús en la Cruz abolió la maldición y canceló todos los argumentos que nos eran contrarios. Todo lo malo que nosotros éramos quedó en Él y en la Cruz toda nuestra vieja naturaleza fue completamente destruida. Por medio de Su preciosa sangre fuimos redimidos de la maldición y nos dio una vida de libertad.

Veamos las áreas en las cuales el Señor quiere redimirnos y darnos la victoria:

  1. REDENCIÓN ESPIRITUAL 

El Señor Jesús fue el único que tuvo conciencia que nació para morir, porque sabía cuál era Su propósito: llevar las rebeliones y los pecados de toda la humanidad. No había otra manera de que la redención se pudiera llevar a cabo para nosotros si no era a través de Su muerte y sacrificio. Por medio de Su sangre se restauró nuestra relación con Dios y tenemos la oportunidad de relacionarnos íntimamente con el Señor.

Por eso es importante que como cristianos podamos pedirle a Dios a diario el tener la revelación de la Cruz así como la tuvo el apóstol Pablo. Él entendió muy bien lo que fue la crucifixión, recibió la revelación de la Cruz como ningún otro y por eso fue el apóstol que centró su mensaje en la redención más que ningún otro. Por tal motivo dijo: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Corintios 1:23a). Pablo tuvo un encuentro tan personal, pero tan impactante con Jesús, que su vida no volvió a ser la misma; su naturaleza cambió y entendió que debía estar al pie de la Cruz todos los días para morir al “yo” y a su naturaleza de pecado y así poder nacer a una nueva vida en Cristo.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20).

  1. REDENCIÓN FÍSICA

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:5

La sanidad fue algo que el Señor dejó a nuestro alcance. Así como se tiene la fe para salvación del alma, también debemos tener la fe para la sanidad del cuerpo. La obra de Jesús en la Cruz del Calvario fue integral, es decir, incluyó todo: salvación del alma, sanidad del cuerpo y liberación de toda clase de maldiciones.

Jesús, a través de Su sacrificio en la Cruz, le quitó todo el poder, toda la fuerza, toda la autoridad al enemigo, y recuperó todo aquello que el adversario había venido a robar, matar y destruir.

Es importante entender que toda medicina que se requiere para recibir el alivio y la sanidad completa está en la Sangre de Su cuerpo llagado, y por eso debemos apropiarnos de ella y debemos saberla aplicar correctamente. Cuando aplicamos la Sangre que brotó del cuerpo llagado de Jesús sobre la parte afectada o sobre la persona que ha padecido enfermedad, estamos declarando que es libre de toda dolencia, que se rompen las maldiciones generacionales y que hay sanidad en el nombre de Jesús.

  1. REDENCIÓN FINANCIERA

No es el plan de Dios que Sus hijos estén en pobreza o miseria. Durante mucho tiempo llegaron a comparar la pobreza y la ruina con la humildad, y algunas personas han expresado: “Soy humilde porque soy pobre”.

En la Biblia encontramos que la pobreza en muchos casos es el azote de alguna maldición que hubiese entrado en el individuo, o en su familia, por algún pecado del pasado. Una de las causas que también conduce a la ruina financiera es no servir a Dios con alegría; pero debemos entender que una de las maneras de servirle a Dios es por medio de nuestras finanzas. “Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.” (Proverbios 3:9-10). Hay dos caminos para escoger: o servimos a Dios dándole lo que le pertenece a Él (por medio de nuestros diezmos, ofrendas, pactos o primicias), o viviremos bajo la opresión y esclavitud financiera.

Con Su sacrificio en la Cruz, Jesús también nos hizo libres de la maldición financiera, nos redimió en el sentido económico, haciéndonos partícipes de toda provisión, teniendo a Dios como la principal fuente para satisfacer nuestras necesidades. Así como el salmista declaró: “Jehová es mi pastor y nada me faltará”, de la misma manera debemos confesar que por cuanto el Señor es nuestro Pastor, tenemos todo lo que necesitamos.