UNCIÓN PARA DAR VIDA

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UNCIÓN PARA DAR VIDA

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“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él” Lucas 10:33·34

ALGO EN QUE PENSAR

El profesor de una escuela de medicina, conocido mundialmente, expuso a sus alumnos una situación médica: “Esta es la historia de la familia: El padre tiene sífilis, la madre tiene tuberculosis y juntos ya han tenido cuatro hijos. El primero es ciego. El segundo murió́. El tercero es sordo. El cuarto tiene tuberculosis. Ahora la madre está embarazada de nuevo. Los padres vienen contigo para que los aconsejes.

Están dispuestos a tener un aborto, si decides que es lo necesario. ¿Qué les recomiendas?”. Los estudiantes dieron varias opiniones individuales, y luego el profesor les pidió́ separarse en grupos para “consultar”. Todos los grupos regresaron para decir que recomendarían un aborto.

“¡Felicidades!”, dijo el profesor, “¡Acaban de quitarle la vida a Beethoven!”.

 

  1. EL AMOR DE JESÚS SANA HERIDAS

Cuando una persona sufre una herida física requiere, inmediatamente, un antiséptico para evitar cualquier infección. Así́ como sucede en lo natural, ocurre en lo espiritual. Del mismo modo como una herida física no tratada debidamente produce infección, una herida espiritual o emocional carente de sanidad divina conduce a infiltraciones en el alma como la amargura, el odio, la venganza, la depresión, la soledad, la tristeza y otras consecuencias más.

Una de las estrategias del enemigo es entrar de manera muy sutil en la vida de las personas y, silenciosamente, ganar terreno hasta tener completo control sobre ellas. Frecuentemente, las heridas que más perturban al ser humano son las causadas por quienes más confiesan amarlo; entre ellos, el cónyuge, los hijos, los padres o los hermanos. Satanás quiere robarnos la felicidad, asaltar la esperanza y despojarnos de toda ilusión. Así́, reduce nuestras fuerzas y nos deja sin ánimo para enfrentar la presión de las emociones lastimadas.

En ese momento es cuando bajamos la guardia, aceptamos la derrota y comenzamos a creer que el fracaso es parte de nuestro vivir. Debemos entender que esto no es verdad. El propósito divino para nosotros es de completa paz, libre de todo tipo de opresión.

 

  1. COMPARTIR EL AMOR DE DIOS CON OTROS

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. (Mateo 9:35)

En su intensa labor ministerial, Jesús percibió la enorme necesidad que todas las personas presentaban y la falta de siervos dispuestos a llevarles las buenas nuevas de salvación. Por lo tanto, pidió́ a Sus discípulos que oraran por obreros. Esto significa que en el liderazgo cristiano se necesitan personas dispuestas a sobrellevar las cargas de otros, ya que de allí́ se funda la verdadera compasión: hacer que la bendición de aceptar a Jesús en el corazón alcance a otros.

Por otra parte, este pasaje bíblico nos enseña que hay cinco puntos importantes que debemos aplicar para desarrollar una genuina compasión: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas”. Al caminar por las aldeas, podía percibir de primera mano el sentir de esas personas y así́ conocía sus necesidades más apremiantes. Es necesario ir donde se encuentran todos los que tienen hambre y sed de Dios.

La compasión del Señor es tan grande que no solo les daba el mensaje de salvación, sino que les llevaba sanidad para toda afección y dolencia. Debemos ejercer nuestra autoridad, en el nombre de Jesús, para traer liberación a las personas.

 

  1. GUIAR A LAS PERSONAS HACIA JESÚS

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envié obreros a su mies”. (Mateo 9:36·37)

A Liderar consiste en ejercer influencia sobre otros logrando el desarrollo de su más alto potencial. Esta influencia abarca el moldear el carácter, el descubrimiento de valores y el reconocimiento de cualidades. En su mejor contexto, el verdadero liderazgo es el que permite dirigir al individuo hasta su realización personal; en otras palabras, el líder de éxito es el que da lo mejor de sí, influenciando positivamente en otros, para que éstos realicen lo mismo con otros.

La manera como el Señor ejerció́ Su liderazgo consistió siempre en motivar a Sus discípulos para que, de buena voluntad, actitud correcta y diligencia, cumplieran el deseo Su corazón; y fue tan efectivo el trabajo que el Señor desarrolló en sus doce, que éstos no sólo se esforzaron por dar a conocer a todo el mundo Su doctrina, sino que con gozo ofrendaron sus vidas por la causa de Cristo.

Jesús trajo frescura a la manera como los líderes religiosos se relacionaban con la gente. Demostró́ que lo más importante es el acercamiento del líder a la gente para sentir su necesidad y, de este modo, lograr ayudarles..

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