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UN ARMA PODEROSA

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“Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto” (Éxodo 12:13).

ALGO EN QUE PENSAR

En 1968 los países europeos firmaron la convención de Viena sobre señales de tránsito. El propósito era estandarizar a nivel mundial estas señales tan esenciales para la seguridad vial.

De la misma manera, Dios estableció una señal en nuestras vidas que constituye la mayor protección para nosotros y nuestras familias: La Sangre de Jesús. Ésta, al ser aplicada correctamente, se convierte en una poderosa señal en el mundo espiritual, que al ser vista por el enemigo, lo obliga a huir y mantenerse lejos de nuestras vidas.

  1. NOS PROTEGE

En cada casa del pueblo de Israel, el padre de familia debía tomar un cordero y seguir exactamente las instrucciones para su sacrificio: debía recoger la sangre del animal en un recipiente conocido como lebrillo, y tomando unas ramas de hisopo y bañandolas en esta sangre, debía pintar el dintel y los dos postes de la casa. Finalmente debían comer la carne asada al fuego y permanecer dentro de la casa hasta la mañana siguiente.

El propósito del sacrificio de animales era que una vida inocente pagara las faltas de una vida pecadora, pero en realidad todo esto era un prototipo de Jesús, el Cordero de Dios, que vino a quitar el pecado del mundo. “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Al morir Jesús en la Cruz del Calvario y derramar Su preciosa sangre por nosotros, nos estaba rescatando del poder del enemigo y nos estaba librando de las consecuencias del pecado. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Así como el pueblo de Israel entendió el poder de la sangre del cordero para proteger sus casas y familias, hoy debes entender que hay un poder mayor en la Sangre de Jesús, y que si tu la aplicas correctamente sobre tu vida, tu corazón, tus pensamientos, tus seres queridos, tus finanzas, verás la protección sobrenatural sobre cada área de tu vida, tendrás victoria sobre el enemigo, y podrás declarar que eres propiedad privada de Jesús.

  1. NOS VUELVE EN AMISTAD CON DIOS

La sangre que Jesús derramó en la Cruz, nos reconcilió con Dios y nos abrió camino para que todos entremos a Su presencia con total libertad. “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10:19).

En nuestro diario vivir, muchas veces las preocupaciones, los afanes de la vida, las cargas, o aún la misma culpabilidad, no nos permiten relacionarnos a plenitud con Dios; es cuando vemos personas que han perdido el deseo de orar, de escuchar la voz de Dios por medio de la Palabra, y de obedecer Su voluntad, porque el enemigo los tiene esclavizados, pero cuando comienzas a aplicar la Sangre de Jesús sobre tu espíritu, es cuando puedes recuperar esa comunión íntima con el Padre y el Espíritu Santo te revelará toda verdad.

Ésta debe ser la oportunidad para que permitas que Jesús entre a tu corazón, more en él, tome el control y no permitas que el enemigo te acuse, porque de esa manera todo el pasado de esclavitud queda borrado por medio de la Sangre de Jesús y podrás entrar a ese Lugar Santísimo.

      3. CONFESAR SUS BENEFICIOS

Versículo 22: “Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana”.

La sangre era aplicada con una rama de hisopo, lo cual representa las 5 confesiones de lo que la Sangre de Jesús hace por nosotros:

  • Por la Sangre de Jesús soy redimido del poder del enemigo y he sido trasladado al reino de Jesucristo.
  • Por la Sangre de Jesús todos mis pecados son perdonados.
  • Porque ando en la luz, y tengo comunión, la Sangre de Jesús me limpia ahora y continuamente de todo pecado.
  • Por la Sangre de Jesús, yo he sido justificado y Dios me ve como si nunca hubiese pecado.
  • Por la Sangre de Jesús soy santificado, separado para Dios.

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