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SIENDO LIBRES DE LA MALDICIÓN

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“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” Gálatas 3:13

ALGO EN QUE PENSAR

En cierta ocasión un joven se acercó a mí a compartir su gran aflicción; su padre había sufrido una trombosis por causa de un pre infarto y esto lo había dejado sin movilidad y sin habla; los médicos habían dicho que ya no había esperanzas para él. Entendí el gran dolor que estaba viviendo y le pedí que trajera una prenda de su padre y oramos sobre ella (Hechos 19:12)..

Al hacerlo dije: “Por la Sangre de Jesús, la salud de este hombre es redimida del poder del enemigo”. Al terminar la oración le dije al joven que colocara la prenda sobre su padre. Unos días después al encontrarlo me compartió cómo el poder sanador de Dios había tocado la vida de su padre luego que llevó la prenda; no sólo recuperó el habla y el movimiento sino que fue sanado por completo. ¡Un poderoso milagro!

En este día lo invito a descubrir todo el poder que hay en la Sangre de Jesús, pues por medio de ella toda su vida fue cambiada. Que a través de Su poder la maldición sea quebrantada y pueda experimentar las bendiciones que Dios tiene para usted.

 

Pastor César Castellanos · Misión Carismática Internacional

 

  1. DEBEMOS RENUNCIAR AL PECADO

Cualquiera puede ser víctima de la maldición al ignorar lo que Dios tiene para nosotros. El Señor Jesús estaba enseñando a Sus discípulos a orar e incluyó esta frase en la oración: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13), dando a entender que la llave que abre la puerta para que la maldición entre es el ceder a la tentación.

La estrategia del pecado es alejar de Dios a la persona para ejercer control sobre ella. El Señor Jesús dejó a nuestro alcance la bendición que nos protege de caer en la trampa del adversario.

La maldición se compara con el abismo, las tinieblas, la enfermedad, la inmundicia en sus diferentes manifestaciones, la pérdida de identidad, la miseria, el abandono, etc. Las bendiciones de Dios son representadas en la provisión abundante, la salud, la autoridad, la capacidad de dirigirnos hacia el bien, Dios guardará nuestras generaciones; la bendición nos da la capacidad de compartir con otros la abundancia que Él nos ha dado. Todo esto podemos recibirlo si escuchamos Su voz, guardamos Su Palabra y la ponemos en práctica.

 

  1. OÍR Y PONER POR OBRA SU PALABRA

“Acontecerá́ que si oyeres atentamente la voz de Jehová́ tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová́ tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová́ tu Dios” (Deuteronomio 28:1-2).

“Pero acontecerá́, si no oyeres la voz de Jehová́ tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán” (Deuteronomio 28:15).

El proverbista dijo que nunca la maldición viene sin causa. Para saber qué es una maldición debemos entender qué área de nuestra vida ha tocado el enemigo. Cuando algo anda fuera de orden, posiblemente detrás de esto está la maldición. La maldición es el efecto del mal alcanzando las vidas.

En el texto de Deuteronomio, el Señor presenta dos lados opuestos; por un lado, presenta la bendición, y por otro está la maldición. Dios dijo que la bendición está en oír, entender, guardar y practicar Su Palabra; la maldición viene cuando hacemos lo opuesto, esto es cerrar los oídos a la Palabra de Dios. El adversario sabe esto y procura luchar con todas sus estrategias para que las personas no tengan tiempo para el estudio de la Palabra.

 

  1. PERMITIR QUE EL AMOR DE JESÚS GUIE MI VIDA

Al comprender que todos nos descarriamos como ovejas y que cada uno escogió́ su propio camino, somos conscientes de que para poder redimirnos, Dios tuvo que poner la carga de nuestros pecados sobre los hombros de Su Hijo Jesucristo. Cuando Jesús llegó a la Cruz del Calvario, cargaba sobre Sí todo el espectro de la maldición. (Isaías 1:6).

No puede existir mayor muestra de amor que la que nos dio el Señor a través del sacrificio de Su Hijo único. Todo aquel que pueda entender esta enseñanza y se vuelva a Jesús de todo corazón, Dios hará́ un gran milagro en su vida. Tomará todas las maldiciones que haya tenido y las pondrá́ sobre el cuerpo de Su Hijo Jesucristo.

El Apóstol Pablo recibió́ esta gran verdad y pudo vivir la revelación de la Cruz, por eso dijo: “Cristo nos redimió́ de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

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