SIENDO INSTRUMENTO EN LAS MANOS DE DIOS

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SIENDO INSTRUMENTO EN LAS MANOS DE DIOS

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“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la buena noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad.” (Lucas 4:18 NVI).

ALGO EN QUE PENSAR

John estaba en su casa una tarde aturdido, confundido y deprimido. Completamente asfixiado por las circunstancias en su vida. Su autoestima, matrimonio, finanzas, trabajo y todo lo de- más parecía no tener esperanzas. Decidió que ese sería su último día. Planeó una salida para su esposa e hijos y los envió a una reunión de boy-scouts (niños exploradores). Luego, se duchó y se vistió para su propio funeral.

Al terminar de afeitarse buscó una soga de nylon blanca con la cual comenzó a preparar su horca, después salió a la puerta a buscar una rama para colgarse. Un líder de célula, quien había aceptado el desafío de ganar una persona por semana para el Señor.

Durante año y medio este líder había depositado su confianza en Dios sabiendo que Él podía hacerlo un ganador de almas. Ese día tenía que darle seguimiento a una tarjeta de visitación y tuvo fe que esta podía ser la oportunidad para ganar la persona de esa semana.

El líder llegó a la casa de John en el momento en que él estaba buscando la rama de la cual colgarse. Sin conocer la situación de John, lo invitó a la célula, y lo motivó a subir a, su automóvil, este aceptó aunque difícilmente. El líder le preguntó a John si él quería recibir a Jesús como Señor de su vida y antes de bajar del auto ocurrió la gloriosa salvación.

Dios lo había ayudado a salvar la vida de este hombre y a ganar un alma. Luego John compartió: Si este hermano hubiera llegado cinco minutos más tarde, estaría colgando de la rama de un árbol. Ese mismo fin de semana había un Encuentro para hombres, John asistió y fue liberado y lleno por el Espíritu Santo.

El domingo durante el tiempo de testimonios, mientras John compartía el suyo, su esposa vino corriendo a la plataforma con los ojos llenos de lágrimas, lo abrazó y le agradeció a Dios por salvarle la vida, el matrimonio y la familia. Hoy, su matrimonio, sus finanzas y todo lo demás están siendo bendecidos por el Señor.

Testimonio · MCI

Dios desea utilizar tu vida para bendecir a muchas personas, descubre como puedes ser un instrumento en Sus manos.

1. CONOCIENDO AL ESPÍRITU SANTO

“Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido” (1 Corintios 2:12)

El mejor equipo del universo lo constituyen el Espíritu Santo y la Palabra, en el Espíritu está el poder y en la Palabra la autoridad. El Espíritu Santo inspira y alienta la Palabra para que tenga vida y pueda transformar todas las cosas.

El Espíritu Santo es quien conoce lo íntimo de Dios, quien revela o da a conocer Su voluntad. El Espíritu Santo no podría expresarse sin la ayuda de la Palabra. Ninguno de los dos puede actuar independientemente el uno del otro; ambos constituyen un poderoso ejemplo de unidad.

La Escritura declara: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten... por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:15·19).

Cuando el Señor dijo a los Apóstoles: “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo...” (Hechos 1:8a), se refería a que una vez que esto ocurriera, deberían usarlo para testificar acerca de Jesús.

En nuestro corazón debe haber una pasión por ganar a los perdidos y para ello se necesita una profunda compasión que solo puede venir de Dios.

2. SOMOS UN EQUIPO HECHO PARA CONQUISTAR

"Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado” (1 Samuel 17:45)

Es interesante ver la manera como David lograba conectar los conflictos físicos con el mundo espiritual. Las armas que traía el gigante eran armas físicas; mientras que David declaraba el respaldo espiritual que había detrás de él.

Cuando David mencionó el nombre de Dios, lo hizo porque era consciente de que el mismo Dios estaba presente en esa pelea.

David no se dejó intimidar por la apariencia de aquel gigante, sin olvidar que en lo natural David estaba en total desventaja ya que sus armas no lograron impresionar al filisteo; en una mano llevaba su cayado de pastor, en la otra una pequeña onda con la que arrojaba piedras y en su cinturón una bolsa en la que tenía guardadas cinco piedras lisas.

“Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos?” (1 Samuel 17:42·43).

¿Se pueden imaginar el ambiente que se vivía en el campamento de los filisteos? Ya estaban celebrando el triunfo antes de la pelea; sin embargo, no contaban con algo y era en ese ser espiritual que no podían ver, aquel que en un instante se apersonó de la pelea.

“Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante”. (Jeremías 20:11).

El profeta Isaías declaró: “Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel” (Isaías 47:4). Dios es el comandante del ejército celestial y también nuestro poderoso redentor.

Que en este tiempo el Señor abra nuestros ojos espirituales para que podamos ver el ejército espiritual que nos acompaña en cada paso que damos. No importa el reto que deba enfrentar, tenga la plena certeza que el Espíritu Santo está a su lado para llevarlo hacia la conquista.

3. LLEVARÉ UN MENSAJE DE SALVACIÓN A OTROS

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12)

Si la Palabra de Dios se predica bajo la unción del Espíritu Santo es respaldada con señales y prodigios. De este modo, las personas sienten la convicción de pecado que les lleva a doblegar su corazón ante el amor y la compasión de Jesús.

El Señor envió a Sus apóstoles a predicar, y les dijo: “Sanad enfermos, limpiad leprosos y resucitad muertos...” (Mateo 10:8).

No hay cómo transformar familias y ciudades si no es a través de la predicación de la Palabra, pues crea el ambiente de la Gloria de Dios. Por eso, cuando un lugar está saturado de la Palabra, allí también hay un mover celestial. El predicador es como un atalaya que tiene la capacidad de ver el peligro y advertir al pueblo para que no les alcance.

Nosotros tenemos la medicina para curar las heridas del alma y el cuerpo; tenemos la póliza más efectiva de protección total para las familias. Además, tenemos la unción de restauración para hacer que el corazón del padre se vuelva al hijo, y el del hijo se vuelva al padre; para que los cónyuges detengan toda ofensa y decidan perdonarse, viviendo bajo la paz y la bendición de Dios. Si la Palabra de Dios mora en nuestro corazón será muy fácil comunicarla, porque dentro de nosotros se enciende un fuego que nada puede apagar.

La única manera de saciar nuestro corazón es esforzándonos por predicar el evangelio estratégica y eficazmente. El Señor nos da la unción para tener fruto en Su obra. “He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti...” (Isaías 55:5).

Dios le dará la gracia y la unción para que usted pueda desarrollarse rápidamente y su vida se convierta en un canal de bendición para otros; verá con asombro como la gente lo sigue a causa de la unción del Señor en usted.

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