NUESTRA FUERZA PROVIENE DEL ESPÍRITU SANTO

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NUESTRA FUERZA PROVIENE DEL ESPÍRITU SANTO

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“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis

testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Hechos 1:8

ALGO EN QUE PENSAR

Durante el tiempo del ministerio terrenal del Señor Jesús, que abarcó desde Su bautismo en agua, hasta Su ascensión al cielo, es decir un período de tres años y medio, nadie recibió el bautismo en el Espíritu Santo; pero al culminar Su ministerio terrenal, Jesucristo no quiso dejarles ese gran vacío por Su ausencia, y por esto reunió a Sus discípulos y les dijo: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 16:7).

Jesús definió al Espíritu Santo como el Sublime y gran Consolador. La palabra en griego “Paracleto” traduce: alguien que viene a nuestro lado para auxiliarnos; por eso cuando conocemos personalmente al Espíritu Santo, nos damos cuenta que Él es el ser más extraordinario del mundo y que no existe nada que se pueda comparar con Su grandeza.

Esto es lo que debes saber acerca del Espíritu Santo y cómo puede suplir tu necesidad más profunda:

  1. EL ESPÍRITU SANTO ES UNA PERSONA

Decir que es una persona, significa que Él posee las mismas características del ser humano: ama, siente, se entristece, se conduele y tiene las sensaciones que tenemos nosotros. Algunas personas piensan que a Dios no le interesa lo que ellos están viviendo, ni sus problemas, pero no es así, porque Jesús dijo que así como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen; ése es el corazón de compasión que tiene Dios.

Isaías dijo que en todas las aflicciones suyas, Él también fue afligido; esto nos habla que Dios tiene un corazón muy tierno y afín a nuestras necesidades, y cuando ve a Sus hijos en luchas y pruebas, se conmueve y se aflige con ellos, tal como sucede con el corazón de un padre que anhela ver a los suyos sin dolor y en bendición.

El Padre también desea que Sus hijos disfruten de buena salud, y por esto el apóstol Juan dijo: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 1:2)

  1. EN LA PRUEBA, ÉL ES NUESTRO CONSOLADOR

Jesús consideraba a sus discípulos como una gran familia, debido a que compartían y convivían a diario con Él; cuando Jesús anuncia Su partida, ese desprendimiento se convirtió en un motivo de aflicción tanto para los discípulos, como para Él mismo.

En el momento cuando Jesús los reunió y les expresó que se acercaba la hora de volver al Padre, Él les dijo a Sus discípulos que al irse, no los dejaría huérfanos, sino que les dejaría a alguien para ayudarles. Así como el Señor Jesús fue tan real cuando estuvo en la tierra, al punto que la gente podía tocarlo, verlo y oírlo, de igual modo, el creyente debe aprender a experimentar la presencia del Espíritu Santo en su vida.

El Señor ya lo había dicho: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 7:38-39).

  1. ÉL DESATA MILAGROS SOBRENATURALES

Perseverando por diez días en ayuno y oración después de no tener más al Maestro a su lado, los discípulos de Jesús por fin estaban recibiendo el anhelado Espíritu Santo, cuya manifestación fue como un viento recio o huracanado, pero que al llegar sobre ellos se asentó en lenguas como de fuego; inmediatamente empezaron a adorar en otras lenguas, en idiomas que no habían conocido, y todos hablando sobre las maravillas de Dios (Hechos 2:1-4).

En respuesta a la inquietud de algunos que pensaban que esto era por causa de la embriaguez, Pedro dio un poderoso mensaje, lleno de la unción del Espíritu Santo; al terminar sus palabras, la gente muy conmovida en su corazón, le preguntaban: “¿Qué debemos hacer?”. “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38).

Aquel día tres mil judíos se convirtieron al cristianismo por causa de la unción del Espíritu Santo de Dios que operaba a través de las vidas de Pedro y Juan. Cuando el Espíritu de Dios sopla sobre tu vida, familia, o esa circunstancia adversa, se desata el poder y la unción para ver milagros sobrenaturales.

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