LIBRES PARA LIBERAR

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LA MISIÓN DE JESÚS
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UN SOLO CORAZÓN POR NUESTRO FUTURO
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LIBRES PARA LIBERAR

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“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”.

Lucas 4:18

ALGO EN QUE PENSAR

“Soy escéptico. Si usted logra probarme que la Biblia es el libro de Dios, me dará́ un gran placer y podré hacerme cristiano”, fueron las palabras que un librero dijo al gran evangelista Carlos Finney. Y él le preguntó: “¿Cree usted en la existencia de Dios?” “Si, por cierto no soy ateo”. “Entonces, ¿opina usted que ha tratado a Dios como debía hacerlo? ¿Ha respetado Su autoridad? ¿Le ha mostrado su gratitud por los innumerables bienes que Su poder y Su sabiduría le han proporcionado mediante la naturaleza? ¿Ha tratado de agradarle conforme a los conocimientos de su conciencia?”

Luego de un momento de silencio, añadió: “Cuando se haya arrepentido de haber sido infiel a sus nociones del deber, según los conocimientos que usted ya tiene, entonces trataré de probarle que la Biblia es de Dios. Antes de hacer esto, sería inútil”. El visitante reconoció́: “Usted no exige nada que no sea razonable, trataré de pensar en ello”.

Al día siguiente muy temprano llamaron a la puerta. El librero entró lleno de gozo, exclamando: “¡Señor Finney, Dios ha hecho un milagro! Ayer al volver a mi escritorio, reflexioné sobre sus palabras y resolví pedir perdón a Dios por mi conducta impropia del pasado y le prometí que en adelante trataría de servirle según la luz recibida y la que pudiera recibir”. “Este caballero –dice Finney- fue uno de mis amigos más fervientes. Más tarde fue nombrado vocal de teología de la facultad Teológica de Oberlin; desde aquel día puso su talento y fortuna al servicio de la causa del Señor con el propósito de llevar a otros la libertad que Jesús había traído a su vida”. Si Dios le llamó a servirle es porque confía en usted.

Él mira a cada uno con los ojos de la fe. Si dispone su corazón, Dios le levantará y le confiará la responsabilidad de ganar y sacar de la esclavitud a muchas personas. En la Palabra encontramos tres principios que nos enseñan como pueda llevar libertad a todos aquellos que lo necesitan.:

  1. VIVIR UN ENCUENTRO CON JESÚS

El aspecto de Josefina es bastante llamativo, es muy difícil que pase desapercibida, ya que en la ciudad de Bogotá́ no son muchas las personas que se mantienen fieles a sus costumbres y que lo demuestren en la forma de vestir. Esta joven ecuatoriana de la comunidad indígena de Otavalo había decidido establecerse en Bogotá́, Colombia. Cuando comenzó́ a compartir cómo llegó a nuestra iglesia, su testimonio me pareció́ tan sorprendente que pensé́ que tampoco iba a pasar desapercibido para los lectores. Con su espíritu alegre que la caracteriza, dijo: “Al llegar a Bogotá́, la vida no fue fácil para mí, pues tuve que enfrentar la discriminación de algunos y a esto se sumaba la fuerte soledad que me acompañaba.

Mi trabajo siempre ha sido la artesanía, fabricar prendas típicas y venderlas en las calles. Había caído ya en una honda depresión y pensé́ que lo mejor era acabar con mi vida. Tenía tantas deudas que esto me afectó emocionalmente y me llevó al borde del abismo. En medio de mi desesperación comencé́ a escribir una carta de despedida, dando instrucciones a una hermana de qué hacer con las cosas que dejaba. Mi plan era suicidarme después de escribir esta carta. Había finalizado y decidí́ dar un último vistazo a lo que me rodeaba, como despidiéndome de todo”.

En ese momento, un joven pasaba apresurado, corriendo, y mirando su reloj. Algo se le cayó y le grité: “¡Oiga joven, se le cayó esto!” Agitado me dio las gracias. “¿Qué es?” Le pregunté, y él respondió́: “¡Una Biblia!” Algo me llenó de curiosidad pues había escuchado mucho acerca de la Biblia. “¿De qué habla?” No sé por qué pregunté esto; tal vez en el fondo de mi alma estaba buscando una salida para mí. El joven de manera cortés trató de apaciguar su afán y dijo: “Habla de Jesús, ¿lo conoces?” “¡No!” Respondí. Aquel joven era líder de la iglesia del Pastor Castellanos. Y dije: “¿Cómo puedo conocer a Jesús?” Con algo de duda, me invitó a una reunión de líderes que se realizaba ese día y a la cual iba retrasado. Accedí, tomé mis cosas y me fui con él. Es curioso, pues mi primera experiencia con Jesús fue en una reunión de líderes. Ese día hicieron una invitación para un Encuentro y me inscribí́; sentía una paz extraña después de aquella reunión.

Fui al Encuentro con dudas y temores. Nada había pasado todavía, pero en la última charla uno de los guías habló del amor paternal de Dios y que Él no discrimina a nadie. Eso me quebrantó. Pude conocer a mi Padre Dios y tuve la certeza de que también me amaba. Compartí́ después mi experiencia con un amigo de mi comunidad, comunicándole la manera como Dios me había restaurado. Con el paso del tiempo me convertí́ en líder de célula y poco a poco mas jóvenes indígenas quisieron experimentar su encuentro con Jesús.

Cuando alguien tiene un encuentro personal con Jesús, no queda en esa persona sombra de duda, viene una convicción plena de que el Señor es el verdadero Dios, y ese encuentro le llevará a compartir con otros el mensaje de salvación.

  1. TENER UN CORAZÓN COMPASIVO

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”.

Mateo 9:35,36

En su intensa labor ministerial, Jesús percibió́ la enorme necesidad que todas las personas presentaban y la falta de siervos dispuestos a llevarles las buenas nuevas de salvación. Por lo tanto, pidió́ a Sus discípulos que oraran por obreros. Esto significa que en el liderazgo cristiano se necesitan personas dispuestas a sobrellevar las cargas de otros, ya que de allí́ se funda la verdadera compasión: hacer que la bendición de aceptar a Jesús en el corazón alcance a otros.

Nadie ha tenido un corazón más compasivo que el que tuvo Jesús; la unción que recibió́ del Espíritu Santo fue vertida a los más necesitados. El Señor tenía un mensaje de esperanza para aquellos a quienes llamó pobres, o aquellos que reconocen su necesidad espiritual, pues sabia que había muchos que viven en la autosuficiencia y lo último que llegarían a pensar es en Dios, pues creen que no lo necesitan.

Jesús se compadecía y pensaba en aquellos que habían atravesado un camino lleno de espinas, donde sus corazones fueron profundamente heridos. Él también pensaba en los que estaban cautivos por el vicio y el pecado, siempre tenía una palabra de esperanza y aliento para ellos.

Todo el ministerio de Jesús se enfocó en llegar a las necesidades de las personas; al iniciarlo declaró como seria el comportamiento del mismo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar…”.

  1. LLEVAR EL MENSAJE DE JÉSUS DE UNA MANERA SENCILLA
La predicación del evangelio confronta a la persona con su pecado y es lo único que la lleva al arrepentimiento. Lo único que transforma las vidas es la Palabra, por esto, es importante enseñarla de manera sencilla y ser un testimonio vivo de lo que Dios ha hecho en nosotros, para que de esta manera otros anhelen entregar sus vidas al Señor.
La mejor manera de llevar a otros el mensaje de Jesús es compartiendo su propio testimonio, transmitiéndoles los grandes milagros y el cambio que Dios ha traído a su vida y toda su familia.
Si la Palabra de Dios se predica bajo la unción del Espíritu Santo es respaldada con señales y prodigios. De este modo, las personas sienten la convicción de pecado que les lleva a doblegar su corazón ante el amor y la compasión de Jesús.
No hay cómo transformar familias y ciudades si no es a través de la predicación de la Palabra, pues crea el ambiente de la Gloria de Dios. Por eso, cuando un lugar está saturado de la Palabra, allí́ también hay un mover celestial.
El predicador es como un atalaya que tiene la capacidad de ver el peligro y advertir al pueblo para que no les alcance. Nosotros tenemos la medicina para curar las heridas del alma y el cuerpo; tenemos la póliza más efectiva de protección total para las familias.

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