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LA PROVISIÓN DE DIOS PARA TU VIDA

cosecha

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” (Mateo 6:11 NVI).

ALGO EN QUE PENSAR

En una de las reuniones de J. Wilbur Chapman, cierto hombre dio su testimonio: “El pecado hizo de mí un pordiosero, sin hogar vagaba por las calles mendigando. Un día, toqué a un hombre por la espalda y le dije: ¿Señor, quisiera darme un centavo? Cuando el señor se volteó, reconocí el rostro de mi anciano padre a quien no había visto por años. Con alegría, pero profundamente humillado, le dije: Padre, ¿No me conoces? Cuando me reconoció a pesar de mis andrajos, me abrazó y con lágrimas me dijo: ¡Hijo mío! ¡Te he hallado! No tienes que pedirme un centavo, pues todo lo que tengo es tuyo”. Este hombre estaba mendigando por un centavo a su propio padre que por dieciocho años había estado buscándolo para darle todo lo que poseía.

Es increíble ver todo lo que Dios tiene para sus hijos; siempre sus bendiciones van más allá de lo que podemos imaginar. Dios quiere bendecirnos de una manera integral, por eso anhela bendecir nuestro espíritu, alma y cuerpo; quiere suplir cada una de nuestras necesidades, mas sin embargo hay personas que batallan en su mente porque no creen que Dios pueda suplirles. No entienden que la prosperidad ya fue conquistada en la Cruz y que sólo hay que abrir los ojos para verla y apropiarse de la riqueza.

1. LA PROSPERIDAD ESTÁ A NUESTRO ALCANCE

“Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8)

La prosperidad de Dios está a nuestro alcance. La ruina está representada en espinos y abrojos, con los cuales fue entretejida la corona que Jesús llevó sobre su cabeza; cuando las espinas entraron en contacto con sus sienes, brotó sangre, quitando así de nosotros la maldición. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” 2 Corintios 8:9.

Nuestro Padre que está en los cielos es el dueño de todo y lo ha reservado todo para nosotros. Él es realmente un Padre bueno, que desea en todo tiempo darnos lo mejor, pero sólo hay que pedirlo. No debemos tener temor de pedir a Dios por esa necesidad específica, ni pensar que somos menos espirituales al orar por la prosperidad. Al contrario, por el hecho de ser hijos, nos convertimos automáticamente en herederos de la bendición.

2. LA PROSPERIDAD ES INTEGRAL

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2)

El deseo de Dios es la prosperidad para sus hijos, no sólo en el aspecto espiritual, sino también en lo físico y material. Muchas veces el creyente piensa que su mala situación financiera es algo preestablecido por Dios, pero el deseo del Señor es que vivamos una vida abundante y de bendición.

3. CONFÍA EN LA FUENTE CORRECTA

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19)

Cuando se pasa por una situación económica difícil, en medio de la necesidad, lo primero que hacemos es buscar fuentes de provisión en la familia, amigos, o nos esforzamos en trabajar más duro, pero en muchos casos no se ve la bendición y el fruto del esfuerzo y trabajo, y esto es porque estamos buscando en la fuente incorrecta. Nuestra confianza está en Él y no en los hombres; aunque Dios usa personas, o empresas, o empleadores para bendecir nuestras vidas, no debemos olvidar que la fuente de provisión está en Dios, y que en la bodega celestial está reservado todo lo que nos falte.

El pastor César Castellanos nos enseña acerca de tres compromisos que hizo con el Señor, a través de los cuales ha visto bendición en su vida y familia, y que podemos ponerlos en práctica:

– Reconocer a Dios como su única fuente de provisión.

– No darle gloria a las habilidades personales, ni a los talentos, pues toda la gloria es para Él.

-Fidelidad en el diezmo y separar un porcentaje extra para el Señor. El diezmo no es algo negociable o de lo cual podamos disponer con libertad. Es un mandato que trae proteccion y bendicion financiera. (Malaquías 3:10)

– Ser un buen administrador. El administrador reconoce que Dios es el dueño de todo; al momento en que Dios le pide algo, lo entrega inmediatamente sin cuestionar.

– Tener un corazón desprendido

– Tener la revelación de la ofrenda.

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