EL PRECIO YA FUE PAGADO

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EL PRECIO YA FUE PAGADO

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“En quien tenemos redención por el poder de su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” (Efesios 1:7).

ALGO EN QUE PENSAR

En la antigüedad era muy común el mercado de esclavos, y era habitual verlos en la plaza pública. La gente los identificaba fácilmente porque sobre sus cabezas había puesta una lanza y quien contara con los recursos suficientes, podría comprar alguno de ellos. Los esclavos no tenían derecho a opinar, era como si no tuvieran voluntad.

En cierta ocasión, un hombre de negocios llegó al mercado de esclavos y compró una mujer muy hermosa. Ella se sintió aterrorizada pues no sabía que le deparaba el futuro; era consciente que podría llegar a convertirse en la esclava sexual de este hombre, o quizás le tocaría hacer trabajos muy pesados. Cuando se encontró frente a su nuevo dueño, le escupió en el rostro con un gesto de impotencia y frustración.

El señor no reaccionó de una manera agresiva como ella lo esperaba, sino que tomó un pañuelo y se limpió el rostro; luego tomó el documento legal sobre ella y se lo entregó, diciendo: “Eres dueña de tu propio destino”. La mujer sorprendida de la compasión y amor de esta persona, corrió detrás de él y pidió permanecer a su lado para poder servirle. Algo similar fue lo que Jesús hizo con nosotros, pues en cierta manera estábamos en el mercado de esclavos; había una lanza sobre nuestras cabezas, éramos esclavos del pecado.

El gran verdugo Satanás tenía el control pleno de nuestras vidas, pero un día Jesús vino a nosotros, nos vio en el mercado de esclavos y fuimos agradables a Sus ojos, decidió pagar el alto precio de nuestro rescate. El pago que Cristo dio no fueron unas cuantas monedas, Él se hizo hombre y aceptó tomar nuestro lugar siendo juzgado a muerte y con Su muerte nos dio vida y libertad.

1. REDIMIDOS POR SU GRACIA

"Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres." (Tito 2:11)

Nada hemos hecho, ni nada podemos hacer para ser salvos por nosotros mismos. Ya Jesús sabía de antemano que su destino era redimir la humanidad a través de su sacrificio en la Cruz del Calvario, la cual nos fue dada a nosotros gracias a ese gran amor de Dios que sobrepasa todo entendimiento.

En un mundo lleno de religiosidad, las personas encuentran un abanico de ofertas y todas muy atractivas para aquietar sus conciencias, pero debemos entender que Jesús no encaja en ese esquema. Su obra sólo puede ser entendida mediante su Espíritu, quien nos revela el amor y favor de Dios. Podemos decir que la manifestación de la gracia de Dios, se hizo real en Jesús. Recordemos que en Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

2. OFRENDA QUE DIO VIDA

"Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados." (Hebreos 2:11)

Este pasaje nos habla de una sola ofrenda, el Padre dio una perfecta y gran ofrenda; ofreció a lo que más amaba (Su hijo unigénito), para aquel que crea en Él no se pierda y tenga vida eterna (Juan 3:16).

El Padre ofreció a Su hijo en el altar de la Cruz. La obra de Jesús en la Cruz del Calvario fue integral, es decir, incluye todo: salvación del alma, sanidad del cuerpo, liberación de las maldiciones. Jesús a través de la Cruz, le quitó todo el poder, toda fuerza, toda autoridad al enemigo y recuperó todo aquello que Adán había perdido:

  • Nos dio vida cuando estábamos muertos (Efesios 2:1)
  • Nos dio la potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12)
  • Nos hizo partícipes de la Naturaleza Divina (2 Pedro 1:4)
  • Nos dio Su Espíritu Santo como guía (Romanos 8;14)
  • Nos dio el privilegio de que Cristo more en nosotros, pues estamos crucificados con Él (Gálatas 2:20)

 

3. EL MILAGRO DEL INTERCAMBIO

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, quedará satisfecho; Por su conocimiento justificará mi siervo a muchos, Y llevará las iniquidades de ellos.” (Isaías 53:11)

La Cruz del Calvario fue el lugar de intercambio divino y preestablecido por Dios, donde todo lo malo que nosotros éramos recayó sobre Jesús, para que todo lo bueno que Jesús es viniese sobre nosotros.

Por horas, Jesús permaneció colgado en la Cruz, cada respirar era una agonía, pues para lograrlo debía apoyarse en uno de los clavos que había atravesado Sus talones, y el dolor por la opresión de los tendones era insoportable. Sumado a esto contrajo fiebre, a causa de la infección producida por las heridas en todo su cuerpo. Su vida fue menguando poco a poco.

Su sangre iba cayendo a tierra. Allí permaneció hasta saber que la obra encomendada había sido consumada. Lograr captar este cuadro en nuestra mente será de gran ayuda cuando más lo necesitemos, pues nos muestra cómo el Señor absorbió toda nuestra iniquidad y toda nuestra maldición, así la destruyó de una vez y para siempre.

Cuando recibimos esta revelación opera el milagro del intercambio, todo lo malo que nosotros hayamos sido es absorbido por el poder de la Cruz del Calvario. Dios toma nuestra naturaleza rebelde y pecadora para llevarla sobre Su cuerpo.

Todas las bendiciones de Dios vendrán a ser nuestras cuando le hayamos dado nuestra vida a Jesús.

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