CONOCIENDO AL DIOS DEL CIELO

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CONOCIENDO LA SANTIDAD DE DIOS
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CONOCIENDO AL DIOS DEL CIELO

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“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?”. (Mateo 5:48)

ALGO EN QUE PENSAR

“En cierta ocasión el pastor César Castellanos me preguntó: ¿Qué ha sido lo más extraordinario que Dios ha ministrado a su vida? Le dije: “Después de conocer del Señor Jesucristo como mi salvador, lo más extraordinario fue experimentar la paternidad de Dios". Aunque había nacido de nuevo, y el ambiente en que me movía era muy sano, sentía que en mi vida había un vació́ muy grande y no entendía el por qué. Mas esto lo note cuando quería desarrollarme en mi área sentimental, pues ya me estaba desarrollando dentro del liderazgo y me estaba perfilando para pastorear.

Me era muy difícil hablar de Dios como Papá; para mi Dios era tan lejano, a pesar de que le conocía, y que había nacido de nuevo, Dios era muy distante para mí, precisamente porque yo no había tenido papá, y me di cuenta que el no tener un padre en el mundo físico le afecta a uno su relación con Dios también en esa área. Un día en que usted se reunió con el liderazgo y uno a uno ministraba la palabra profética del Señor, la presencia de Dios se había manifestado allí́ de una manera muy especial. Recuerdo que ese día fui muy afligido, hasta había pensado abandonarlo todo; iba con una determinación: si Dios hoy no me habla entenderé́ que Él no me quiere en el ministerio. Aunque pasó varias veces cerca de mí, siguió́ ministrando a otros, hasta que por fin oró por mí, era el último de todos. Lo primero que el Señor me dijo proféticamente fue: “Así dice el Espíritu a mi hijo. Escuchaste como te llame: Hijo, porque quiero que sepas que yo soy tu Padre”.

Cuando escuché esas palabras empecé a llorar, y llorar y llorar, caí al piso y estuve como una hora llorando y recibiendo la paternidad de mi Papá Dios. Esa reunión me cambio la vida, luego todo lo demás vino por añadidura, ya sentía que estaba preparado para realizarme en el área sentimental.

Pastor MCI Ecuador · Abelardo Rojas.

1. NUESTRO PADRE NOS LLEVA A CRRER EN LO IMPOSIBLE

“Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Marcos 9:23

Abraham nunca se debilitó en la fe, ni permitió que la incredulidad entrara a su mente (Romanos 4:19). Una de las estrategias de Satanás, es soltar semillas de duda en la mente humana, porque sabe que si la persona las acepta, esas semillas germinaran y darán frutos que conllevan a la destrucción.

La semilla de la duda va muy unida al temor, para dirigir las personas a la frustración y al fracaso. Abraham era un hombre que tenía una íntima relación con Dios, y hasta fue llamado Su amigo, es decir, Él le confiaba Sus secretos, y a la vez, daba dirección a su vida. Abraham creía y actuaba de acuerdo a cada palabra que salía de la boca de Dios. Cuando Él le dio la promesa de un hijo, inmediatamente Abraham creyó y la confesó en todo tiempo a pesar de que las circunstancias eran adversas.

Cuando llegó el período preestablecido, el Señor concedió a Abraham el hijo prometido. Tener al Dios de Abraham dentro de nuestras vidas, implica actuar como Él. Muchas veces anhelamos los beneficios que Abraham recibió, pero no estamos dispuestos a pagar el precio que él pagó. Cuando Dios lo llamó le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1).

La vida del ser humano se resume en tres aspectos: Tierra, familia y círculo de influencia. Y esas fueron las tres cosas que el Señor le pidió a Abraham. Aunque Dios no trazó una ruta de su futuro, él obedeció. Lo único que él tenía era la promesa, Dios le había dicho, sígueme que en la medida que estés avanzando te mostraré la ruta de tu destino. Abraham se apoyó en su Padre Celestial, “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6).

Él depositó toda su confianza en Dios, no se atrevía a dar un paso, sin tener primero Su dirección.

2. NUESTRO PADRE SUPLE TODAS NUESTRAS NECESIDADES

“Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Salmos 23:1


Por veinticinco años como iglesia, Misión Carismática Internacional, nos fue muy difícil adquirir instalaciones adecuadas para nuestras necesidades. Llevábamos once años reuniéndonos en un auditorio de la ciudad que tenía capacidad para catorce mil personas, y la oportunidad de adquirir tierra era cada vez más distante. Un día mientras estaba dando un seminario para nuestro liderazgo, en un acto de fe, comencé a declarar lo que anhelábamos conquistar, aunque no teníamos dinero ahorrado, nos lanzamos en fe a adquirir tierra.

Cuando llegó el momento de hacer un pago de 2.5 millones de dólares no contábamos con el dinero para efectuarlo y busqué al Señor en oración. Al estar orando me trasladé hasta el lugar que habíamos separado y por el cual estábamos negociando, y tuve una visión. Vi al Señor Jesús en el centro del lugar con la corona de espinas sobre Su cabeza, la sangre corría por Su rostro y tres gotas cayeron a la tierra. Oí una voz que hablaba con mucha autoridad, era la voz del Padre Celestial dirigiéndose a Su hijo Jesús, de la misma manera que le había hablado a Adán cuando éste pecó.

En esta ocasión le decía: “Por cuanto has hecho esto, (refiriéndose a la manera como Jesús había ofrendado Su propia vida por nuestra redención, y porque Su sangre siempre se mantuvo pura, santa y sin ninguna contaminación) bendita será la tierra por Tu causa. Inmediatamente empecé a repetir las mismas palabras: Jesús por cuanto esto hiciste, bendita será la tierra por Tu causa”; la segunda vez que repetí esta declaración sentí que la atmósfera del lugar se llenó de gloria. La tercera vez que lo declaré sentí que la maldición que estaba arraigada en la tierra era quitada. Al levantarme de la oración tenía la sustancia de la fe para conquistar el terreno.

A partir de ese momento las personas de la iglesia fueron motivadas a ofrendar de una manera como nunca antes lo habían hecho, y en menos de veinte días obtuvimos la victoria. Las verdaderas riquezas están en Dios, no en los bienes materiales, pues todas las cosas con el constante uso se acaban, pero el Dios nuestro permanece para siempre.

Pastor César Castellanos


 

 

El sabio Salomón dijo: “Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos, y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”. (Proverbios 3:9·10) Sé que la prosperidad de Dios para sus hijos es revelada a través de su palabra y cuando este mensaje llega a nuestros corazones recibimos al instante aquella llave que nos abre y da a conocer la provisión permanente de Dios.

Así como el profeta Eliseo le dijo a la viuda: “Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. (2 Reyes 4:3) De eso poco que ella tenía Dios le dio la provisión para pagar todas sus deudas y poder vivir holgadamente con su familia. 

3. NUESTRO PADRE DESEA QUE SEAMOS BENDECIDOS Y PROSPERADOS

“Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Mateo 5:2·3

“Bienaventurados” (significa “feliz”, “dichoso”) los pobres en espíritu. En otra versión evangelio dice con respecto a este pasaje: “Bienaventurados los que reconocen su necesidad espiritual”; en otras palabras: Bienaventurados los de fe, porque el Reino de los cielos les pertenece.

Esto habla de que el Reino de los cielos es para las personas de fe y usted puede comenzar hoy a ser una de ellas si le cree a Dios de todo corazón. Es importante entender que existe una gran diferencia entre ser próspero y ser rico. Cuando se habla de ser rico, se hace referencia a una persona acaudalada y propietaria de muchos bienes; no obstante, una persona puede ser próspera sin que sea acaudalada ni rica. Por ejemplo: Cuando Jesús vivió en la tierra, no tenía riquezas, pero fue próspero. No podríamos decir que el Señor era pobre, Él era próspero porque un pobre no puede alimentar a más de 10 mil personas como el Señor lo hizo.

Toda la vida ministerial del Señor Jesús fue próspera, y esto se explica en la capacidad de sanar a tanta gente, porque Él, de Su prosperidad estaba dando de Su medicina, compartiendo Su sabiduría y enriqueciendo a mucha gente; porque él mismo es prosperidad.

Al respecto el proverbista dijo: “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; En su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, Y bienaventurados son los que la retienen”. (Proverbios 3:13·18)

Este es el día para que puedas acercarte confiadamente a tu Padre y comprender que tomado de su mano serás bienaventurado.

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