CORRIENDO A LOS BRAZOS DE NUESTRO PADRE

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CORRIENDO A LOS BRAZOS DE NUESTRO PADRE

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“¡No sé cómo orar!” “¡No puedo durar ni diez minutos sin que pasen por mi mente toda clase de pensamientos o que se presenten interrupciones!” “No siento nada cuando entro a mi lugar de oración, es como si Dios no escuchara mis peticiones”. Esta es la condición de centenas de personas con las que he tratado y que no han logrado establecer una comunión íntima con Dios.

El poder comunicarnos con el Creador a través de la oración, es uno de los más grandes privilegios que podamos tener. Ciertamente es la oportunidad que Dios nos brinda para relacionarnos de manera directa con Él. Jesús no enseñó a Sus discípulos a predicar, pero sí les enseñó cómo debían orar.

Cuando empezaba mi vida cristiana, un día me hallaba en mi recámara orando; sinceramente, lo hacía con mucho temor, pues imaginaba que Dios estaba sentado en un trono con un látigo en Su mano, listo a castigar a todo aquel que le desobedezca. Estando en esa actitud, escuché una voz que habló a lo más profundo de mi corazón, diciendo: “¿Y quién te dijo que Dios era así? ¿Acaso no sabes que Él está con Sus brazos extendidos, esperando a que te rindas en ellos?”.

Inmediatamente, en un acto de fe, me rendí en aquellos brazos extendidos hacia mí; desde entonces, me he relacionado con Dios, reconociéndole como mi verdadero Padre. Aunque perdí a mi padre terrenal cuando tenía diez años de edad, puedo testificar que, desde que tuve esa experiencia sobrenatural con el Señor en mi habitación, Él ha llenado cada uno de los vacíos que había en mi interior y me ha llenado de Su perfecto amor.

Debemos creer que si nos disponemos a hablar con Él sinceramente, Su oído estará atento a nuestras oraciones; aunque el mismo Señor Jesús enseñó que podemos orar en todo tiempo y en cualquier lugar, no obstante, exige una actitud del corazón correcta para poder comunicarnos efectivamente con Él.

Los judíos habían convertido la oración en un acto externo, acompañado de movimientos extraños, gesticulaciones y palabras repetitivas expresadas de manera mecánica, lo cual había llevado a que líderes religiosos cayeran en hipocresía y religiosidad; por eso, Jesús procedió a enseñarle a sus discípulos la oración más importante de todos los tiempos, “El Padre Nuestro”, que sigue siendo hasta nuestros días, la mejor guía de oración. (Mateo 6:5-13).

El escritor a los hebreos dice: “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:22).

Él nos mostró tres pasos esenciales que debemos tener presentes para que las oraciones sean efectivas:

1. TENER UN CORAZÓN SINCERO

El hipócrita no ve sus propios defectos, pero sí vive pendiente de los errores de los demás; por eso, el primer consejo que el Señor le dio a Sus discípulos fue que tuvieran un corazón sincero y les advirtió: “No sean como ellos…” (Mateo 6:8 NVI). Al acercarnos a Dios, debemos hacerlo con toda sinceridad: muchos tratan de encubrir sus pecados con disculpas y por no reconocerlos, no han podido ser libres. No justifique su pecado, confróntelo y arrepiéntase de todo lo malo con sinceridad, y así podrá relacionarse con Dios de una manera diferente.

2. TENER PRIVACIDAD

La oración es una conversación privada con Dios, por eso, el Señor habló de entrar en la recámara, en el cuarto de intimidad con Él. Debemos buscar el tiempo propicio para estar a solas en la presencia de Dios; para algunos puede ser la mañana, para otros la tarde o la noche, pero lo importante es que separe ese tiempo para entrar en intimidad con Él.

3. NO USAR VANAS REPETICIONES

No convirtamos la oración en una serie de repeticiones sin sentido. Muchas personas toman la oración del “Padre Nuestro” y la repiten varias veces, pensando que cuanto más la repitan, más efectiva será. Pero el Señor advirtió a Sus discípulos que no hicieran de la oración un rezo (repetir siempre lo mismo).

La oración debe hacerse con gozo, alegría e inteligencia. ¡La oración eficaz del justo puede mucho!


AL PONER EN PRÁCTICA CADA UNO DE ESTOS TRES PRINCIPIOS EN LA ORACIÓN, USTED PODRÁ CONOCER A DIOS COMO UN PADRE AMOROSO, REAL Y PENDIENTE DE CADA UNA DE LAS NECESIDADES DE SUS HIJOS AMADOS, ELEVARÁ SU NIVEL DE FE, Y PODRÁ CORRER CON LIBERTAD A LOS BRAZOS DE SU PADRE CELESTIAL.


 Pastor César Castellanos

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