PRINCIPIOS PARA LA PROTECCIÓN ESPIRITUAL

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“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”.

Corintios 10:3-4

ALGO EN QUE PENSAR

Cuando tenemos la experiencia del nuevo nacimiento y comenzamos nuestra vida cristiana siendo parte del Reino de Dios, descubrimos que estamos siendo parte de un combate con un reino espiritual opuesto, el reino de Satanás. No tenemos opción de hacernos a un lado. Debido a que el reino al que pertenecemos está en guerra, nosotros también somos parte activa de esa guerra. Además, nos damos cuenta que tenemos varios tipos de enemigos, pero el más poderoso y temible es un reino de ángeles rebeldes en los lugares celestiales, que nunca quisieron obedecer a Dios, y que están bajo el mando de Satanás.

Pero al ser conscientes que tenemos enemigos muy poderosos, necesitamos proveernos de la protección que Dios dispuso para nosotros.

Hay tres aspectos en la vida cristiana que debemos tener en cuenta y asegurarnos de poderlos poner en práctica para nuestra protección espiritual. Podemos llamarlos también armas espirituales que nos ayudan a estar bajo la cobertura de Dios:

  1. SOMOS PARTE DEL CUERPO DE CRISTO

“Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Esta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” Efesios 1:22-23

Hay niveles de autoridad que descienden de Dios el Padre a través de Jesucristo para cada situación aquí en la tierra. Es por eso que cada cristiano necesita la protección que obtenemos cuando estamos bajo la autoridad apropiada.

Por eso, por medio de esta palabra en Efesios, el apóstol Pablo nos enseña que Dios puso por cabeza de la iglesia a Su propio Hijo, Jesucristo, y que ésta es Su propio cuerpo.

Así que algo que Dios demanda de nosotros, que nos ayuda a asegurar nuestra protección espiritual, es el respeto a la autoridad de Cristo que opera por medio de la iglesia. Por lo tanto, estar bajo la autoridad de Jesús significa tener una relación correcta con Su iglesia.

Es por esto que Dios te está llamando a que seas un miembro activo dentro de la iglesia de Cristo, que pongas al servicio de Dios tus dones y talentos, y que puedas ser edificado bajo el liderazgo de nuestra iglesia, siendo un discípulo fiel en tu célula, y preparándote hasta ser un gran líder y general dentro del ejército de Dios.

  1. PERDÓN

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”. 
Marcos 11:25-26

Jesús nos dejó reglas muy específicas con respecto a las relaciones con los demás: debemos tomar la decisión de perdonar a aquellos que nos han ofendido y nos han causado heridas emocionales, o aún físicas.

Recordemos que por difícil que parezca extender el perdón a nuestro ofensor, el perdonar a otra persona no es una expresión de las emociones, sino un acto de dominio propio. Para esto debemos depender del Espíritu Santo, quien es Espíritu “de poder, amor y dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

El tener el corazón sano y libre de odio, resentimiento o rencor, nos lleva a tener esa actitud de sumisión a nuestros hermanos. “ Someteos unos a otros en el temor de Dios.” (Efesios 5:21). Esta sumisión nos lleva a tener relaciones correctas tanto en nuestra casa como en la iglesia.

  1. OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD

“ Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”.
Juan 14:23-24

La obediencia a la voluntad de Dios siempre trae bendición y protección a nuestra vida. Lo más importante que debemos cultivar a diario es la obediencia a Dios, nuestro Padre, y hacia Jesús, nuestro Salvador. Esto se expresará en una actitud de reverencia, respeto y obediencia a Su Palabra.

Debemos procurar a diario tener contacto con las Escrituras, meditar en ellas, sabiendo que la misma voz de Dios hablará específicamente a cada área de nuestra vida, nos dará dirección y nos dará un corazón obediente para hacer Su voluntad.