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“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”.

Juan 16:7

ALGO EN QUE PENSAR

“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Romanos 8:11

Pensemos por un momento la situación que vivieron los apóstoles por varias semanas: vieron como su maestro había entrado de una manera triunfal a Jerusalén, el pueblo le aclamaba y lo honraba; sin embargo, este escenario no duró mucho, al poco tiempo todo el panorama cambió, Judas traicionó al maestro y lo vendió por 30 monedas de plata, llevándolo a vivir momentos de angustia hasta la muerte. Con esto, los discípulos veían que su esperanza y sus sueños a través de la redención de Jesús se esfumaban, al verlo ser flagelado, torturado, escarnecido en todas las formas y finalmente ser crucificado.

Si conocemos la historia, sabemos que los discípulos vieron a Jesús dar Su último suspiro, encomendando Su alma al Padre para luego morir. Sin embargo, contra todo pronóstico lógico, Jesús resucita ¿Pero qué sucedió? Romanos 8:11 nos enseña que el Espíritu Santo fue quien levantó a Jesús de la muerte y que ese mismo Espíritu es el que el Señor prometió para cada uno de nosotros.

Si determinamos conocer al Espíritu de Dios, recibiremos Su llenura, seremos partícipes de una naturaleza divina y revestidos del poder de lo alto.

  1. SU ESPÍRITU NOS HACE DIFERENTES

“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Romanos 8:11

Todo el ministerio de Jesús estuvo marcado por la participación activa del Espíritu Santo, por esta razón todo lo que hacía era sobrenatural. Convirtió el agua en vino, levantó a los muertos, dió vista a los ciegos, abrió los oídos de los sordos, consoló los corazones. Él oraba y se multiplicaban los panes y los peces, anduvo sobre el mar y dominó los vientos. Jesús asumió el llamado de morir en el poder del Espíritu Santo, a través de Él, todo lo que hizo Jesús fue glorioso.

Celebrar la resurrección de Jesús no se limita a una sola semana; después de los festejos, nuestra vida continúa y debemos entender que el poder del Espíritu Santo hace que signifique aún más lo que Jesús hizo por nosotros, Él murió pero también resucitó y a través de Su Espíritu, vino a traernos una nueva vida fuera del contexto natural, llevándonos a caminar por la senda de lo sobrenatural.

  1. SU ESPÍRITU NOS UNGE CON PODER

 Jesús es la cabeza de la iglesia, y los que hemos creído en Él somos Su cuerpo. Por lo tanto, la unción que posaba sobre la vida de Jesús y lo levantó de entre los muertos, es la misma que está disponible para cada uno de sus hijos.

Cuando conocemos al Espíritu Santo:

  • Él empieza a obrar en nuestra vida de una manera sobrenatural ayudándonos a vivir la vida cristiana de tal manera que lleguemos a la plenitud de la estatura del Señor Jesucristo.
  • Desarrollamos el don de la fe, a través del cual podemos percibir el mundo espiritual y recibir revelación de la Palabra, produciendo en nosotros la fuerza para conquistar cualquier desafío.
  • Se manifiesta la autoridad de Dios a través de nosotros, para poder activar el poder de la Sangre derramada, capaz de quebrantar toda opresión del enemigo y desatar vida a todo alrededor.
  1. SU ESPÍRITU NOS GUÍA Y CONSUELA

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”.

Juan 16:7

  • El Espíritu Santo conoce nuestra necesidad y es Él quien intercede con gemidos indecibles.
  • Él es todo un intercesor, por eso, la mejor oración es aquella guiada por el Espíritu Santo.
  • Si cultivamos una vida llena de oración en el Espíritu, el mismo Dios se encargará de levantar un cerco de protección alrededor nuestro, de nuestra familia y ubicarnos en Su propósito.
  • Debemos anhelar ser llenos de Su Espíritu para cada desafío, para cada decisión que debamos tomar y para que sea nuestro fiel guía en nuestro día a día.