CONOCIENDO AL REY DE GLORIA

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“¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla”.

Salmos 24:8

ALGO EN QUE PENSAR

A un hombre le regalaron un par de guantes forrados de piel. Como vivía en un clima tropical, y por cierto no necesitaba los guantes, los guardó en una gaveta y pronto se olvidó de ellos. De modo que no le servían porque no los usaba. Algún tiempo después le llamaron para que trabajara en una ciudad de clima frío, y entonces se acordó de los guantes. Al fin encontraría uso para aquello que él consideraba un regalo sin utilidad.

Cuando metió la mano en uno de los guantes, sintió que algo impedía que el dedo pulgar se acomodara en su lugar. Para su gran sorpresa, lo que impedía era un billete de diez dólares enrollado. Revisó los otros dedos del guante y descubrió que en cada uno de ellos había un billete de cien dólares. Los billetes habían estado allí todo el tiempo, pero él no se había dado cuenta.

Las bendiciones de Dios siempre han estado a nuestro alcance, pero el creyente debe aprender a rendir su vida a los pies de la Cruz, y por medio de la fe, entrar a los lugares celestiales a tomar su bendición, para poder así conocer al Rey de Gloria en plenitud.

Al conocer a Jesús como ese Rey de Gloria, recibimos beneficios espirituales que nos llevan a otro nivel de conquista:

1. NOS REDIME POR MEDIO DE LA CRUZ

Si la Cruz es un símbolo de maldición, ¿por qué se ha constituido también en el mayor símbolo de bendición? Todos sabemos que la primera pareja pecó en el Huerto del Edén, al tomar del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, dando lugar a la muerte tanto física como espiritual. El hombre escogió éste árbol, comió de su fruto, por esto fue expulsado del paraíso, encontrándose en el desierto, en la aflicción, en la enfermedad, en el dolor, en la pobreza, en la ruina y en la soledad.

Es por esto que Dios tuvo que establecer otro árbol para la redención, un árbol diferente, un árbol con dos palos: uno vertical que miraba a Dios y otro horizontal que miraba las necesidades de la gente. Este árbol no es otro que la Cruz.
El apóstol Pablo entendió que en la Cruz, él había muerto para el mundo y el mundo había muerto para él (Gálatas 6:14). Jesús nunca conoció pecado, pero en la Cruz cargó con las maldiciones de toda la raza humana, para a cambio, darnos una vida plena y abundante.

Recuerda que por medio de la Cruz tienes acceso a un intercambio divino, donde tu vieja naturaleza es absorbida, y a cambio recibes un carácter nuevo.

2. NOS LLEVA AL LUGAR SANTÍSIMO

Las primeras normas establecidas por Dios en relación al culto y al santuario terrenal fueron dadas por Él mismo. El tabernáculo estaba dividido en dos partes: El Lugar Santo y El Lugar Santísimo, ambos separados por un gran velo. A éste último lugar sólo podía entrar el sumo sacerdote una vez al año, pero con la muerte de Cristo ese velo se rompió, lo cual significa que todos tenemos entrada, no al santuario terrenal, sino al mismo cielo.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).
Aunque físicamente estamos en esta tierra, espiritualmente vivimos en la dimensión del Reino Celestial.

Esto nos habla de cómo Jesús es el puente entre los hombres y la poderosa presencia de Dios, la cual nos transforma, nos renueva y nos da dirección. Jesús nos permite tener una relación de intimidad con el Padre y con el Espíritu Santo.

3. NOS ADIESTRA EN LA BATALLA

“¿Quién es este Rey de la gloria? El Señor, el fuerte y valiente, el Señor, el valiente guerrero”. 

Salmos 24:8 NVI

Muchas veces, nos puede suceder que al meditar en las características principales de la naturaleza de Dios, lo primero que se nos viene a la mente es que Él es un Dios tranquilo, tierno, pacificador, que siempre actúa en amor. Y por supuesto que éstas y muchas otras virtudes definen Su carácter. Pero, ¿te has puesto a pensar que, aparte de ser un Dios de misericordia, nuestro Dios es un valiente guerrero? El salmista tuvo esa revelación, y por esto entendió que al Dios que le servimos es fuerte, soberano, valiente, pero sobre todo un guerrero que quiere despertar el corazón de un ejército que le siga con pasión y fidelidad.
“Bendito sea Jehová, mi roca, Quien adiestra mis manos para la batalla, Y mis dedos para la guerra”. Salmos 144:1

Somos parte de un gran ejército que Dios está levantando para impactar esta generación!