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MANOS A LA OBRA

 

“Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien”. (Nehemías 2:18)

Nehemías es un gran ejemplo de cómo Dios puede usar nuestras vidas para bendecir a otras personas. La historia de Nehemías empezó́ cuando Hanani le dijo:

“El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí́ en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté́ y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:3-4).

Nehemías logró entender el corazón de Dios, sabía que era tiempo de actuar, de asumir el compromiso y de motivar a otros para cumplir una difícil, pero importante, tarea.

Al saber que Jerusalén estaba devastada, entendió que la solución era pedir permiso y buscar recursos para la reconstrucción de los muros. Así que motivó al pueblo a lograrlo, diciéndole: “…Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio” (Nehemías 2:17).

Nehemías logró motivar al pueblo, haciéndoles ver que eran parte de la solución, quienes lo entendieron dijeron: “…Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien” (Nehemías 2: 18b).

Sólo podremos motivar a otros asumiendo la actitud correcta frente a las distintas circunstancias que se nos presentan día a día.

El hombre que posee la actitud correcta sabe hacia dónde va y mantiene el ánimo de un triunfador, entendiendo que el optimismo transforma las circunstancias de una manera positiva.

Cuando tenemos metas claras, éstas se convierten en el factor que nos impulsa a luchar por encima de las circunstancias, sabiendo que la recompensa que viene de Dios es maravillosa.

Nehemías le dijo a su gente:

“…y no estemos más en oprobio… El Dios de los cielos, él nos prosperará” (Nehemías 2:17b, 20a).

El líder debe estar preparado para la labor que va a realizar. Cuando las personas que rodearon a Nehemías se animaron a edificar, su líder ya tenía listo un plan de trabajo que le permitió́ reconstruir el muro en sólo cincuenta y dos días (Nehemías 3:1-32).

Es importante que usted, querido amigo, entienda que su ayuda, para que se opere un cambio espiritual en nuestras ciudades y naciones, es muy valiosa. Su meta es motivar a todos los que le rodean, para que digan como aquellos judíos: “Levantémonos y edifiquemos. Y esforzaremos nuestras manos para bien”.

Autor. César Castellanos