DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ ADMIRABLE
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SEPARADOS PARA DIOS
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“Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo”.

2 Corintios 5:21

ALGO EN QUE PENSAR

No hay duda que cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador y Señor de nuestras vidas, a través de nuestra fe en Él y en Su obra redentora en la Cruz del Calvario, sucede un intercambio divino. Dios tomó a su hijo Jesús, que no conoció pecado y lo entregó para recibir el castigo que nosotros merecíamos, no tenía ninguna culpa pero cargó con la nuestra para que fuésemos hechos justicia de Dios en Él ¿Qué quiere decir esto? Jesús tomó todo lo malo que éramos nosotros y a cambio nos dio todo lo bueno que es Él. Al hacerlo así, Dios ya no nos ve como lo que éramos en nuestra condición pecaminosa, sino que ve a Su hijo, sin mancha ni pecado.

Sin embargo, aunque recibimos salvación, también es verdad que el permitir el pecado y la desobediencia a Dios vienen consecuencias, se levanta un acta de decretos en nuestra contra, nuestra relación con el Padre celestial se deteriora y somos presa de los sentimientos de culpa y condenación, más a través de esta enseñanza nos enfocaremos en la única y poderosa solución: la preciosa sangre de Jesús.

  1. LO QUE NOS SEPARA DE DIOS

La creencia de muchos es que por cuanto no han cometido un crimen o un gran delito, se pueden considerar personas buenas, sin nada de qué arrepentirse y consideran que unos pecados son más graves que otros. Más la Palabra nos enseña que cualquier acción, sentimiento o pensamiento que vaya en contra de las normas de Dios, hace que se levante un muro que nos separa de Él y nos impide disfrutar de Su presencia. Isaías 59:2

¿De qué manera podemos recuperarnos de esta separación? La solución no está en esperar a que las cosas mejoren por sí solas, ni de prometernos comportarnos mejor. Hay algo que se requiere de nosotros y es que debemos confesar a Dios nuestros pecados ¡debemos correr a los brazos de nuestro Salvador! 1 Juan 1:8-9

Recuerda que el objetivo no es si sentimos o no que somos perdonados, tan solo si confesamos a Dios ¡es un hecho que somos limpios! Esto quiere decir que no es por nuestras obras, sino que la Sangre de Jesús es suficiente para quitar la separación que hay entre Él y nosotros. 2 Corintios 5:21.

  1. RENUNCIA A TODO SENTIMIENTO DE CULPA

Con frecuencia sucede que aunque sabemos que la Sangre de Jesús fue esa ofrenda como pago por nuestro pecado, en nuestra mente se encuentran las marcas de los errores que cometimos tiempo atrás, luchamos con esa acusación interna que poco a poco va distorsionando la imagen correcta de Dios en nuestras vidas.

Debemos entender que el sentirnos culpables es una estrategia que proviene de satanás, quien tiene el propósito de acusarnos ante Dios día y noche para debilitarnos, paralizarnos y robarnos el gozo.

La misma Sangre que borra nuestro pasado, es la misma Sangre que tiene el poder para purificar nuestra conciencia de la mancha del pecado. Hebreos 9:13-14

  1. USA LAS ARMAS CORRECTAS

“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Apocalipsis 12:11

Aquello que nos separaba de Dios, los sentimientos de culpa en nuestra conciencia y las acusaciones de Satanás son quebrantados con tan solo una gota de la Sangre de Jesús.

No podemos aceptar ningún tipo de acusación ni caer en la trampa del enemigo de sentirnos culpables, es nuestro deber usar las armas correctas, aquellas que el Señor ya puso a nuestra disposición para vencerlo completamente: ¡La confesión de lo que la Sangre de Jesús ya hizo por nosotros y llevar una vida totalmente rendida ante el Señor!

“Por la Sangre de Jesús soy justificado, hecho recto, y Dios me ve como si nunca hubiese pecado”.