LA LUZ DE JESÚS BRILLA COMO NUNCA ANTES EN VILLAVICENCIO
August 15, 2017
SEMANA 3
August 22, 2017

ALGO EN QUE PENSAR

ABRAHAM

Este hombre no fue siempre Abraham, nació siendo Abram. Dios tuvo que cambiar su nombre, con lo cual también cambió su naturaleza. Abraham vivió 175 años, de los cuales 99 fue Abram. Cuando Dios cambió su nombre, pasó de ser Padre enaltecido a Padre de multitudes. Este cambio representó un cambio en su naturaleza y en sus planes.

Abraham es conocido como un héroe de la fe y hemos escuchado de sus hazañas. En Hebreos 11:17 se nos dice que, cuando fue probado, ofreció a su único hijo (el de la promesa) y lo entregó a Dios, sabiendo que Él es lo suficientemente poderoso para levantarlo de entre los muertos. Abraham fue un hombre del cual podemos aprender mucho, en especial lo que significa estar dispuestos a cambiar de planes o saltar en cualquier momento de nuestras vidas.

Abram adoraba otros dioses y era ajeno al conocimiento de nuestro Dios (Josué 24:2), pero llegó un momento en su vida en el cual Dios se le apareció y cambió todos sus planes. La primera tarea que Dios le dio no fue nada fácil: salir de su tierra, de su parentela y de la casa de su padre, e irse a la tierra que Dios le iba a mostrar (Génesis 12:1).

Cuando Dios se le apareció a Abram para llamarlo y revelarle Sus planes, este vivía en una ciudad llamada Ur de los caldeos (Génesis 11:28). Esta ciudad es considerada por los historiadores como la cuna de la civilización; de hecho, se cree que allí la gente se reunió por primera vez en ciudades y se establecieron sociedades.

Dejar la comodidad de la única y primera civilización del planeta para ir a un lugar que ni sabía cuál era, debió ser un gran salto en la fe. Abram decidió creerle a Dios sin titubear y dejó atrás todo lo conocido, todo lo familiar, todo lo seguro, todo en lo que confiaba. Por eso Dios lo llamó amigo y fue justificado por su fe. Aparte del relato de la historia de Abraham del libro de Génesis (capítulos 11-25), puedes conocer más de su vida en Hechos 7:1-8, Romanos 4, Gálatas 3:7-18 y Hebreos 11:8-19.