TENIENDO UNA IMAGEN CORRECTA

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Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

2 Corintios 3:18

ALGO EN QUE PENSAR

Uno de los más grandes conferencistas motivacionales del siglo pasado fue el Dr. Norman Vincent Peale. En su testimonio él compartió acerca de la timidez que lo caracterizaba cuando estaba estudiando; timidez que se transformó en un gran problema para él, pues ello no le permitía hablar en público, causándole un estrés muy fuerte.

En una ocasión, mientras asistía a la Universidad, un profesor le pidió que hiciera una exposición acerca de un tema del cual él conocía y dominaba ampliamente. Pero al pararse frente al público su mente se bloqueó, comenzó a tartamudear, hablaba incoherencias y luego quedó completamente paralizado. Bajó del estrado muy avergonzado y se sentó en un sillón con el rostro cargado de vergüenza, el profesor se acercó a él, lo observó y le dijo: –“Norman, cuando termine la clase quiero hablar contigo”.

Al finalizar, el maestro le preguntó: –“¿Qué es lo que te sucede? Yo sé que eres un excelente estudiante, sé que eres inteligente, pero cada vez que te paras al frente de la clase te bloqueas, luego te desplomas en una silla con tu cara encendida de vergüenza”. Norman contestó: “Creo que debo tener un espíritu de inferioridad”. Animándolo el profesor agregó: -“Yo también pasé por lo mismo”. –“¿Usted pasó por lo mismo que yo he estado viviendo? –“¿Qué hago para poder liberarme de esto? Yo no quiero ser así, quiero cambiar”. “Te entiendo, –dijo paciente el profesor– déjame compartirte la fórmula que a mí me sacó adelante: Confía en Dios, ora a Dios, cree en Dios y Él obrará.

Después de escuchar lo que el profesor le dijo, saliendo de su clase se detuvo en los escalones del edificio y oró: – “Señor, Tú que puedes hacer que el borracho se vuelva sobrio, que el ladrón se vuelva una persona honrada, ¿puedes tomar a este hombre confundido y hacerlo una persona normal? Por favor Señor, ayúdame. Amén”.

Esa sencilla oración marcó la gran diferencia en la vida de Norman Vincent Peale; desde ese momento todo en su vida comenzó a cambiar y llegó a convertirse, no solamente en un gran líder motivacional, sino que fue un gran autor de decenas de libros, ayudando y orientando a miles de personas alrededor del mundo, pero todo comenzó porque él tomó una decisión.

La Palabra nos enseña con claridad que el Espíritu Santo es quien nos ayuda a ver una transformación en nuestra vida, llevándonos de gloria en gloria, hasta ser conforme a Su imagen y semejanza; pero solo hay una manera de poder tener un cambio de naturaleza y de imagen, y es por medio de tener una experiencia con la Cruz y de entender el poder que hay en la Sangre de Jesús, aquella que Él derramó de Su rostro cuando fue arrancada Su barba.

Veamos a continuación algunos principios que debemos tener en cuenta para poder obtener esa imagen correcta de parte de nuestro Creador:

 

  1. SOMOS LA OBRA MAESTRA DE DIOS

“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás”. Efesios 2:10

Dios se caracteriza por ser creativo en cada detalle, y la misma creación nos deja ver Su visión amplia y que va mucho más allá que la nuestra. Por medio de Su Palabra creó los cielos y la tierra, todas las especies de animales para que ocuparan el Huerto del Edén y puso cada detalle para adornar el lugar. Pero el Creador, después de haber preparado el lugar donde el hombre habitaría, se entregó a formar al hombre del polvo de la tierra y lo hizo con mucho esmero. El hombre que Dios se había dispuesto a crear, se convertiría en Su obra maestra, por tal motivo, pensó en que cada detalle lo hiciera pleno y feliz.

Esta Palabra nos enseña que es por medio de Jesucristo que somos formados de nuevo, que obtenemos una nueva imagen y que nuestra vieja naturaleza es clavada en la Cruz del Calvario; todo lo malo, lo impuro, las debilidades, temores, inseguridades, pecados y toda imagen distorsionada, quedan completamente absorbidos y en cambio recibimos una naturaleza de hijos y no de esclavos.

  1. DEBEMOS ESCUCHAR LA VOZ CORRECTA

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Juan 8:44

Es importante entender el contexto de este verso: Jesús estaba hablando con personas que decían ser descendientes de Abraham, pero vivían bajo el dominio del pecado y perseguían al Maestro porque no creían a Sus Palabras. Por esta razón, Jesús les explica que aquellos que son esclavos del pecado y lo permiten y lo consienten en sus corazones, estos son hijos del diablo, porque hacen conforme a sus deseos.

Por un momento, enfoquémonos en lo que dice la segunda parte de este verso: habla de que el diablo ha sido homicida, no ha permanecido en la verdad, habla mentira y es padre de mentira, lo que nos hace entender que él siempre opera con astucia, ya que para camuflar sus mentiras, habla en primera persona para hacernos creer que esos pensamientos provienen de nosotros mismos.

Todos los conflictos del hombre se originan en la mente; allí, el enemigo pone esos pequeños pensamientos que parecen semillas inofensivas, pero que están cargadas de un veneno mortal.

Cuando escuches un pensamiento negativo, de temor, de venganza, de rechazo, de abandono, de inferioridad, aprende a reconocer que se trata de una mentira del enemigo, no la creas ni permitas que la idea ronde en tu cabeza; simplemente aplica un agota de la Sangre que brotó del rostro de Jesús y declara que esos pensamientos son destruidos y clavados en la cruz y que tienes la imagen de Cristo.

  1. VERME A TRAVÉS DEL ESPEJO DE LA PALABRA DE DIOS

“Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón”. Salmos 26:2

 Todos tenemos claro que un espejo sirve para reflejar la imagen de lo que es puesto al frente, y que por lo general, proyecta una imagen real y no distorsionada.

De la misma manera, la Palabra de Dios es ese espejo a través del cual nos podemos ver y examinar, ya que es la misma voz de Dios hablando a tu vida y mostrándote tu condición real, como Él te ve, dejándote ver aquellas cosas que estás haciendo bien o aquellas que están fuera de orden.

Salmos 119:105 dice: Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino”, haciéndonos entender que la Palabra direcciona nuestra vida, decisiones, conducta, pensamientos, y determina quienes somos en Cristo. No dejes que las circunstancias, ni las personas a tu alrededor, te definan o definan tu propósito, sino deja que sea la Palabra (la voz de Dios) quien determina tu presente y tu futuro!