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“Una Cita Divina”

Experiencias de un Encuentro con Jesús.  

Más de 1300 mujeres adultas y 500 jovencitas decidieron aceptar a Jesús como su salvador, en el primer ciclo de Universidad de la Vida llevado a cabo recientemente en Bogotá. Como iglesia damos gracias al Señor por permitirnos transmitir Su amor a quienes nos rodean, llevándolos a restaurar sus vidas, sus familias y conducirlos a una vida llena de la plenitud de Dios.

Es nuestro anhelo, que si aún no has tenido un encuentro personal con Jesús, tomes la decisión de hacerlo, para que puedas disfrutar de una vida abundante y con propósito. Si quieres saber cómo hacerlo, puedes visitar nuestra página http://mci12.com/udelavida/

A continuación, queremos compartir contigo la historia de dos mujeres que nos cuentan lo que experimentaron en su Encuentro:

 

Rose Dacosta – 29 años

 

Estoy en Bogotá hace más o menos 3 meses y vengo de la ciudad de París, Francia. Asisto a la iglesia Centre Chrétien International Paris, la cual hace parte de la Visión G12, y esta es mi historia.

El año pasado comenzó a despertarse en mí una necesidad muy profunda de apartarme de tanta actividad, de toda distracción y enfocar mi vida en Dios. Me encontraba trabajando como Account Manager en una agencia de publicidad Online y me iba muy bien; en tema familiar todo estaba estable y era una persona muy fiel en la iglesia. Sin embargo, esta sensación de encontrarme con Dios cada vez se hacía más y más fuerte. Fue entonces que tomé la decisión de buscar dirección, hablé con mi líder, que es mi hermana, expuse mis sentimientos con mis Pastores principales, con mi mamá y por supuesto con el Señor. En un principio, pensé que era cuestión de cambiar de trabajo o de iniciar una formación más intensa en la Palabra, pero luego de 10 días de oración, Dios me habla y me dice que debo salir de mi país y viajar a Bogotá durante un año.

En búsqueda de una respuesta a mi sentimiento, decido pedir señales a Dios y, efectivamente todo esto que aún no era claro para mí, tomó verdadero sentido a través de una conferencia que recibí en una de las reuniones de mi iglesia, pues el título de la predicación fue demasiado claro: “Toma Tu Vuelo” y por supuesto las dulces palabras que recibí a través del Salmo 23, también fueron determinantes.

Es así como llego a Bogotá en el mes de marzo de este año, con el firme propósito de sumergirme en la Visión. Estaba muy dedicada y comprometida en participar en todas las actividades de la MCI para poder aprender cada metodología y la manera de hacer las cosas, en resumen, me encontraba absorbiendo lo “intelectual” de todos los procesos. Un día, una de las personas que están al pendiente de mí aquí en Bogotá, me dijo que era importante que yo estuviera en Universidad de la Vida, yo la verdad sentí que era una actividad más para agregar dentro de la agenda que estaba llevando y no me gustó mucho la idea, además no le vi mucha relevancia porque hacía algunos años ya había asistido al Encuentro en mi país.

Para mi sorpresa, semanas antes de iniciar Universidad de la Vida empecé a vivir un tiempo muy difícil, emocionalmente estaba quebrada, pues vino a mí como una lucidez de la realidad en la que estaba y fui verdaderamente consciente de que me encontraba en otro país, sin amigos, sin familia y totalmente sola en otra cultura, mi gozo se había perdido y ¡apenas llevaba un mes en Bogotá! Esto me lleva a identificar cosas que aún no estaban en orden en mi vida y aún habían heridas del pasado por sanar. Decido asistir, y puedo decir que durante esos tres días mi corazón fue totalmente expuesto; mi vida estaba dividida, habían áreas que no había rendido totalmente a la voluntad de Jesús, sino que había estado manejando a mi manera, pensando que no había nada pendiente por arreglar en mi corazón, pero en el Encuentro, Dios me muestra que hasta las cosas más pequeñas Él necesitaba tomarlas, cambiarlas y erradicar aquellas de mi pasado, que me estaban causando daño.

Por esto, el encuentro para mí no fue solo una experiencia, sino una cita divina donde puede ver el rostro del Señor cara a cara. Fui librada de la tristeza, del temor, del sentimiento de abandono; puede despojarme de la vieja naturaleza y recibir a cambio, la llenura del verdadero amor, del amor del Padre.

 

Lilia Carvajal Bastilla – 59 años

Todo comenzó hace unos años, mis hijas recibían la visita semana a semana de un joven que les enseñaba a estudiar la Biblia y les hablaba de Jesús. Cada vez que él venía, yo me dedicaba hacer otras cosas, buscaba tareas para no participar de esas reuniones, hasta me llegué a esconder, para no tener que aceptar la invitación, cada vez que el joven preguntaba por mí (risas). Pasó el tiempo y una vez le puse atención a la charla; me gustó lo que estaban enseñando, y a partir de esa noche empecé a interesarme en la “famosa” célula. Con el tiempo, era yo la que ahora preparaba la casa para que hicieran la reunión. La verdad es que cada semana me gustaba más y más escuchar hablar de Jesús, además lo que más me  impactó fue ver el cambio de mis hijas, eso me motivó para ir a la iglesia a la reunión del domingo.

Definitivamente las células y las charlas del fin de semana me parecieron demasiado buenas, empecé a cambiar varias cosas en mí, aunque no sabía orar como lo hacían mis hijas y no entendía la Biblia cuando la leía, no podía faltar a mi cita los domingos. El año pasado el líder de mis hijas se casó y ahora las células eran con su esposa, eso trajo algo nuevo porque definitivamente aportaba muchas cosas con las cuales nos sentíamos identificadas, por ser mujeres. Entonces, pasó el tiempo y luego vi cómo Dios empezó a bendecir a una de mis hijas en su área sentimental, eso trajo demasiada alegría a mi corazón, pues el hombre que ahora está con ella, es un hombre maravilloso y que hemos recibido con mucho amor en nuestra casa, con todo eso anhelé mucho más el conocer a Dios porque había sido muy bueno conmigo y con mis hijas.

En una de las células, recibí la invitación para iniciar Universidad de la Vida y acepté comenzar el proceso, no soy mucho de salir y soy de pocas amistades, por eso al principio fue como lanzarme a algo nuevo, algo a lo que no estaba acostumbrada. Mis hijas me ayudaron mucho, me motivaban para que permaneciera y gracias a ellas también pude resolver todas las dudas que tenía respecto a los talleres que debía desarrollar en el pre encuentro. Estuve muy dedicada en prepararme para el encuentro, pues yo escuchaba que era una cita divina, la cita más importante que podía tener una persona. Llegó el encuentro, y estaba muy puntual todos los días y la verdad salí tan pero tan impactada, que cada charla me hacía llorar. Yo nunca antes había tenido una oportunidad así, como para evaluar mi vida y sobre todo, para arreglar lo que estaba mal. A mi edad y ya con hijos tan grandes e independientes, yo pensaba que no había nada más grande por hacer con mi vida, pero el encuentro me hizo romper con moldes en la manera de vivir, fui libre de muchísimas cosas que tenía acumuladas dentro de mi corazón, cosas que habían hecho de mí una mujer sin brillo, negativa y sin motivaciones de nada.

Luego de esa experiencia tan impresionante, yo me siento una mujer completamente renovada pues entregué todas las cargas que me robaron por muchísimos años la vitalidad y la alegría. Ahora lloro por todo (risas), pero creo que es porque Jesús está conmigo y me ha dado un corazón nuevo, sensible y puro; Jesús me ha devuelto el gozo y hasta me siento rejuvenecida. Estoy feliz de haber tomado esta decisión, porque me siento con autoridad de predicar a aquellos que no conocen a Dios, en mi casa se respira un ambiente hermoso, pues mis hijas y yo hablamos un mismo lenguaje, ahora me encanta orar, se me pasa el tiempo hablando con Dios, entiendo más la Palabra y conocí a varias mujeres durante el encuentro que ahora son mis amigas.