UN NUEVO CORAZÓN PARA LA CONQUISTA

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“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.

Hebreos 10:22

ALGO EN QUE PENSAR

Como iglesia MCI entramos en uno de los tiempos de conquista tal vez más importantes, donde Dios está queriendo entregarnos aquellas cosas que nos ha prometido a nivel espiritual, personal, familiar, ministerial y secular.

En el libro de Josué se relata cómo el pueblo de Israel se movía a la conquista de una tierra que Dios les había prometido, pero que se encontraba rodeada de muy grandes muros que no permitían un acceso fácil; pero Dios ya había hablado al corazón de Josué y le había asegurado que aunque pareciera imposible tomar posesión de esa heredad, ellos iban a conquistar todo lo que pisare la planta de sus pies. Con esta motivación, ellos avanzaron sin ningún temor y el Señor los respaldó, pero antes de eso, todo el pueblo tuvo que mudar su corazón para poder avanzar y ver la victoria.

Esto es lo que Dios nos está pidiendo en este tiempo, un corazón nuevo, enfocado en la conquista y que sea libre de todo lo que impida el mover de Dios.

Como los hombres del pueblo de Israel, en el tiempo de Josué, debían pasar por el proceso de la circuncisión como símbolo de tener la marca correcta, así mismo el Señor nos está demandando una “circuncisión” de nuestro corazón, es decir, un cambio en nuestro interior que nos permita entrar a la tierra prometida que Él nos quiere entregar.

A continuación veamos algunos aspectos importantes que deben caracterizar un nuevo corazón:

  1. UN CORAZÓN EN SANTIDAD 

“Santificación” significa “apartar, separar o consagrar a Dios”. Esta es la razón por la cual Dios elige y separa a una persona para Su servicio. La santificación incluye la separación y consagración a Dios como Su prioridad. Esto se relaciona con la transformación moral y espiritual de cada persona que lo determine.
No podemos ignorar que el enemigo está asediando diariamente al creyente con pecado y contaminación, pero así mismo debemos determinar limpiarnos de toda impureza.

Jesús entregó Su vida con la visión de santificar a cada ser humano que rindiera su vida a Él, y este proceso incluye:

Separación (apartarse para Dios)
Consagración (mantenerse en santidad)
Dedicación (rendirse a Su servicio)

  1. UN CORAZÓN SANO

El deseo de Dios es que podamos dar fruto abundante en cada área de nuestra vida, pero esto está en relación directa con la condición de nuestro corazón. Cuando la autoestima, el valor personal, está herido, o no se ha tenido la experiencia de la paternidad de Dios que echa fuera el temor, la persona no puede ver las bendiciones que Dios preparó para él.

Estas son algunas características de un corazón sano que está preparado para dar fruto:

  • Un corazón bueno: nuestro corazón debe ser buena tierra, es decir, un corazón sin odio, sin amargura, sin resentimiento, sin envidia, y mucho menos malicia. Una persona con un corazón bueno siempre hablará palabras que motiven, edifiquen y consuelen.
  • Un corazón recto: la rectitud es sinónimo de integridad, es ausencia de egoísmo y vanidad. Aquél que es llamado para servirle a Dios debe despojarse del egoísmo, porque Dios te quiere usar para llevar el mensaje de esperanza y salvación a otros.
  • Un corazón correcto: es el que retiene la Palabra y la obedece. Ésta persona no desmayará fácilmente ante la prueba, sino que siempre estará fortalecido. Es aquél que verá la recompensa en su vida por guardar la Palabra.
  • Un corazón fructífero: es aquel que se esfuerza para dar fruto con perseverancia, lo cual se verá reflejado en una multiplicación abundante.
  • Un corazón enfocado: es la persona que ha nacido al sueño de Dios, se esmera en trabajar para cumplirlo y se pone al servicio de la obra de Dios. Es el corazón que ha entendido a la Visión que desarrollamos de liderazgo en la iglesia y que la hace con diligencia y gozo.